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Leer las montañas

Una montaña puede ser un secreto, una cumbre, un recuerdo o un territorio por descifrar. Reunimos seis libros que se acercan a ellas de distintas maneras: subiéndolas, recorriéndolas, escuchando sus piedras o simplemente volviendo a mirarlas.

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Leer las montañas
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Una mujer vive en la ladera de una montaña y cada día recorre sus linderos. Desde allí escucha la cantera, vigila el camino y escribe sobre su vida. Hasta que un día encuentra un cuerpo en el camino hacia la montaña.

En El monte de las furias, Fernanda Trías convierte la montaña en algo más que el lugar donde sucede una historia: es un territorio que guarda huellas, ruidos y secretos. La protagonista tendrá que aprender a leer todo aquello que aparece entre la neblina y el follaje.

En estos seis libros, las montañas cambian de forma según quien las mire o recorra: pueden ser amenaza, memoria, destino, misterio o compañía. Quizás por eso seguimos regresando a ellas, porque cada mirada encuentra una montaña distinta.

Muy lejos de allí, otro hombre mira una montaña desde abajo y decide subirla. Mateo Isaza ha dedicado buena parte de su vida a recorrer cordilleras y alcanzar cumbres. En Montaña en dos actos, su hermano Sebastián reconstruye sus expediciones hasta el Everest: los entrenamientos, los ascensos y esa mezcla de fascinación y temor que aparece cuando el cuerpo se enfrenta a una montaña.

Pero no siempre hace falta subir una montaña para descubrirla. A veces basta con mirarla durante el tiempo suficiente. José Manuel Arango vuelve en Montañas sobre esas montañas antioqueñas que vemos todos los días hasta dejar de verlas. Sus poemas se detienen en sus formas, sus luces y sus pendientes.

Esas montañas nuestras del interior, casi olvidadas de tan familiares, casi invisibles de tan vistas.

En Donde cantan las ballenas, Sara Jaramillo Klinkert escribe sobre Candelaria, una niña de doce años que vive en Parruca, un pueblo perdido entre montañas, junto a una madre que habla con las piedras, un hermano que cultiva hongos y una casa que poco a poco empieza a ser devorada por la vegetación. Cuando decide buscar a su padre desaparecido, se encuentra con una serie de personajes tan singulares como el paisaje que los rodea.

Otra manera de acercarse a las montañas es escuchar lo que cuentan sus piedras. Ignacio Piedrahíta lo hace en Al oído de la cordillera, un viaje que comienza en Colombia y sigue el trazo de los Andes hasta Argentina. El autor, que también es geólogo, observa rocas, valles, pueblos y cambios del paisaje con la precisión de quien quiere entender cómo se formó la tierra y la atención de quien sabe que un viaje también se construye mirando.

Y en una meseta remota, Tomás y Sara intentan sembrar una planta selvática en un clima de páramo. El experimento cambia cuando Tomás sufre un accidente y una herida comienza a alterar la frontera entre el sueño y la vigilia. En Noche, noche, noche, Diana Obando hace que la montaña entre poco a poco en los cuerpos de sus personajes, hasta que el paisaje, la fiebre y los sueños empiezan a confundirse.

Una montaña nunca es solo "parte del paisaje". A veces se convierte en el lugar donde alguien guarda un secreto; otras, en una cumbre que parece imposible de alcanzar, en una forma de leer el territorio o en una presencia que altera la vida de quienes viven junto a ella.