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Tania Ganitsky: Un léxico de adioses

Escucha a Tania Ganitsky en Por el Canto del Libro: migraciones, Emily Dickinson, Paul Celan y una vida transformada por la lectura y la escritura.

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Tania Ganitsky: Un léxico de adioses
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Tania se sienta frente a los periodistas. Con sus manos pálidas y de dedos largos les explica de dónde salió su poema más conocido, y cómo terminó dialogando con Emily Dickinson en uno de sus libros.

Tania está ahí con su pelo color cobre y su sonrisa. Mira a sus interlocutoras e interlocutores con sus ojos profundos.  

La mirada, el pelo… la sonrisa. Aunque no lo sabemos aún, cuentan la historia de un final, o de muchos finales, igual que sus manos.    Durante la Segunda Guerra Mundial, el abuelo de Tania vio cómo su tierra patria, Ucrania, se caía a pedazos entre la violencia y la persecución al pueblo judío. Decidió escapar después de que militares irrumpieron en la casa de sus padres. Así, aquel hombre puso punto final a su arraigo, a los afectos en aquel lugar para sobrevivir, y renació en un país desconocido: Colombia.  

"Clavaron sus dagas en el campo de hielo — 

fracturaron el camino de retorno 

Su voz era el exilio. Yo al amor no volvería".

(Fragmento del poema Ucrania, del libro Desastre lento, Tania Ganitsky)

Aunque Tania vivió toda la niñez en Bogotá, su mamá tampoco nació en Colombia. Es una mujer estadounidense que, después de 23 años de casada, miró su vida en Bogotá y eligió terminar el matrimonio con el padre de Tania. Regresar a su país para empezar de nuevo.  

La historia de mi mamá, como mamá, es la historia de un ángel que cae de cabeza en el vacío. Mi mamá es poética en ese sentido: no se dejó definir solamente por la maternidad.  

(Fragmento de Emily Dickinson y lo incompleto, de Tania Ganitsky)

Entonces Tania, en sus viajes entre Colombia y Estados Unidos y su soledad adolescente, se sumergió en la lectura profunda: a desmenuzar los poemas de Emily Dickinson sin proponerse entenderlos, sino, sobre todo, sentirlos.

Las manos de Tania, como las de Dickinson, se convirtieron en máquinas de pensar poesía. Una manera más de escribir con la intuición del movimiento… Hasta que a los 33 años, después de publicar varios poemarios, Tania sufrió un accidente en el trabajo. Y las manos le dejaron de responder como antes. Pasó de escribir libros enteros con su puño y letra a no poder sostener una cerveza, o la manija de una puerta. En un poema de su libro Rara escribió:

"El cuerpo te borra de la vida a través del dolor. 

Nadie en el mundo podría traicionarte 

con ese nivel de determinación.

¡Calla o calla!, dictaminan los músculos y nervios 

mientras las manos pierden la vista".

En la vida y la poesía de Tania hay adioses por todas partes: el adiós a un arraigo, el adiós a un matrimonio, el adiós a una manera concreta de escribir. Y sin embargo, en cada verso hay belleza. Su poemario Desastre lento, sobre el fin del mundo, por ejemplo, empieza así:

"Y habrá un léxico de adioses,

porque se dirán de tantas formas

que llenarán un libro entero, que es lo que quedará del amor,

de la literatura.

El mundo va a acabarse antes que la poesía

y la poesía continuará afirmando su devoción

a lo perdido".

Para conocer la historia completa de Tania y la manera en la que los libros le ayudaron a habitar la vida con sus verdades, las y los invito a escuchar el episodio completo que le dedicamos en el primer podcast narrativo de Comfama:

Por: Margarita Restrepo