Hay amores que no llamamos de esa manera, pero que sí lo son. Y la amistad es uno de ellos. Los argentinos lo saben mejor que nadie, porque cada 20 de julio celebran el Día del Amigo con una devoción casi impensable para el resto de latinoamericanos. La fecha nació una noche de 1969, mientras el Apolo XI aterrizaba sobre la Luna. Un señor de Buenos Aires que se llamaba Enrique Ernesto Febbraro miraba las imágenes por televisión y pensaba algo que lo atraía más que el avance científico: todo el planeta, sin distinción de fronteras ni ideologías, estaba pendiente de la misma escena. Eso, pensó, era la amistad. Y fundó el Día del amigo: día en el que los argentinos planean asados, fernets y abrazos casi como si fuera el 24 de diciembre.
Hay algo de ese espíritu de la amistad que el español Jorge Carrión conoce en carne propia: por la vez que llegó a Argentina —cuando todavía no era nadie— y encontró entre libros y conversaciones a algunos de sus amores más entrañables. En un país donde la literatura es una conversación permanente y muchas personas ponen el amor de los amigos sobre el amor de la pareja, Carrión encontró amistades como la de Martín Caparrós, entre otros escritores.
Carrión es descendiente de campesinas andaluzas. La literatura, otro amor, llegó a su vida de manera inesperada: una abuela que le contaba cuentos antes de dormir. Libros que salían de los bancos y aterrizaron en la microscópica biblioteca de su casa. Quizá gracias a eso, Carrión fue la primera persona en viajar fuera de España.
En su amor profundo por los libros, Carrión le ha dedicado una parte importante de su obra a las librerías hechas de ladrillos y estanterías. Ese amor se ha manifestado de maneras distintas: en su obra Librerías, en la que te lleva por una especie de safari describiendo librerías en varios rincones del mundo; y otras más combativas, como en su manifiesto Contra Amazon, donde explica que cree en “la resistencia mínima y necesaria”, contra el gigante digital que amenaza a las primeras.
De esa manera, caminando por el mundo y observando los libros, sus símbolos, los espacios en los que reposan, Carrión ha construido una biblioteca rica e íntima en su casa en Barcelona. Es la fuente de muchas de las demás cosas que escribe: sobre ciencia ficción, IA y distopías, entre muchas otras.
Esa misma biblioteca, ese altar se vio de pronto amenazado con violencia por un amor con el que no estaba contando: el de Marco y Francesco, sus hijos. Y con ellos, la pregunta que se han hecho todos los escritores que han sido también padres.
Los grandes del siglo XX eligieron la puerta cerrada. El estudio como santuario, la literatura como razón suficiente.
Lo que pasó antes y después de hacerse esa pregunta está en el primer episodio de Por el canto del libro. Una conversación sobre los amores que no buscamos: los que encontramos en las calles de Buenos Aires, los que llegan de manera intempestiva, y los que desde siempre vivieron entre las páginas de un libro.

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