Jardín de las Ideas – Hay Jericó

Sembrar una librería: la historia de Alejandra Palacio

En Fredonia, Antioquia, Alejandra Palacio creó Conversame Pues, una librería y proyecto cultural que conecta lectores, libros y conversaciones.

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Sembrar una librería: la historia de Alejandra Palacio
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Fredonia se descuelga por la montaña como si el pueblo hubiera aprendido a sostenerse en la pendiente. Las tardes bajan con neblina y el parque concentra casi todo: conversaciones, negocios, pasos repetidos. Entre esos recorridos, Alejandra carga libros. No siempre los mismos. A veces llegan por encargo, otras por intuición.

En las noches, cuando el ruido se apaga, abre uno y subraya. No es un gesto automático. Se detiene en una frase, la rumia, vuelve a leerla. Como si ahí hubiera algo que no conviene dejar pasar.

Alejandra Palacio tiene 22 años y es psicóloga. Siempre ha vivido en Fredonia, Antioquia. Habla con facilidad, escucha con más atención. Pero no siempre fue así. Hubo un momento en que sabía lo que sentía, pero no lograba nombrarlo. Los libros aparecieron como una ayuda para reconocer esas sensaciones. No como respuesta definitiva, sino como una confirmación: alguien más ya había pasado por ahí, alguien ya lo había narrado. Desde entonces, volvió a esas frases como quien regresa a un lugar conocido.

“Conversame Pues” empezó sin intención de ser librería. Era una cuenta de Instagram donde Alejandra compartía fragmentos de libros, frases que le importaban, autores que le decían algo. Después vinieron las preguntas de las personas que la seguían: ¿Dónde consigo ese libro? ¿Lo tienes a la venta? En Fredonia no hay librerías físicas. Aunque en el parque hay un señor que ofrece libros, hay poca variedad y pocos espacios para compartir las lecturas. Lo demás hay que buscarlo fuera. Así que empezó a traerlos ella. Sin plan de negocio, sin estrategia clara. Más bien como quien responde la necesidad de un territorio.

En una feria del pueblo instaló una mesa con libros. Una mujer se acercó preguntando por uno en particular. No lo tenía, pero empezaron a hablar sobre otros títulos. La conversación se desvió: la mujer terminó contando algo de su vida, de lo que le estaba pasando. Alejandra escuchó y, en algún punto, señaló otro libro. Una recomendación que dejó una puerta entreabierta. La mujer compró el libro y su cara cambió después de llevarlo. Alejandra se quedó con la sensación de que algo había ocurrido, de que una recomendación acertada también es capaz de movilizar algo en las personas que la reciben. Que los libros y los lectores están en una búsqueda constante por encontrarse los unos a los otros.

Pero más que una librería, Conversame Pues es un proyecto cultural, enfocado en la región del suroeste de Antioquia, que busca promover la lectura y la escritura creativa a través de las recomendaciones y venta de libros. También realiza talleres en los que combina su formación como psicóloga para promover la salud mental.

Para ella, leer es resistir. Fue la premisa principal que le quedó del libro de Mario Mendoza. No como consigna, sino como práctica.

En un entorno donde todo se mueve rápido —los mensajes, las decisiones, las expectativas—, detenerse en una página es una forma de ir en contra.

No para aislarse, sino para entender mejor lo que pasa adentro y afuera. Por eso insiste en que la lectura no es solo un hábito: es una forma de atención.

En el Jardín de las Ideas, durante el Hay Jericó, habló frente a otros jóvenes. Le interesaba ordenar lo que pensaba, probar sus palabras en voz alta. Venía de un lugar donde nombrar los sentimientos no siempre es fácil. Ahora lo intenta. No con seguridad absoluta, pero si con una especie de cuidado: el mismo con el que subraya.

En el pueblo a veces le dicen “la niña de los libros”. Ella se ríe. No lo discute. Hay algo de cierto en ese nombre. Por la noche, vuelve a abrir un libro ya leído. Busca una frase que había marcado. La vuelve a leer y en esa repetición, se ajusta algo que durante el día se había movido.