Boletín de recomendados

Mujeres que escriben su propia historia

Descubre 6 libros escritos por mujeres que exploran la identidad, la resistencia y la escritura como forma de transformación. Una selección de autoras latinoamericanas que reinventan sus historias desde la memoria, el cuerpo y el lenguaje.

Boletín de recomendados libros escritos por mujeres
Mujeres que escriben su propia historia
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Seis libros en los que las mujeres desafían el destino que otros han escrito para ellas. Entre mitos, memorias y exploraciones literarias, estas autoras muestran que no hay una única forma de ser mujer ni una sola manera de contarla.

Para “dominar a la bestia”, para dejarla “como una seda”, Julia Vanterroso contrata a Enriqueta. Julia, matriarca “pura sangre”, es la abuela. La bestia es Julieta Vanterroso, candidata a reina del Carnaval de Barranquilla. Así comienza Altasangre, de Claudia Amador, una novela que imagina una familia aristocrática de vampiros en el Caribe colombiano. En la voz de Indhira Serrano, el audiolibro acentúa ese tono: fiestas afrocaribeñas, jerarquías domésticas y mandatos que recaen sobre los cuerpos femeninos. El subgénero gótico tropical se desplaza de sus paisajes habituales y se instala en una casa donde tradición y violencia conviven.

Ese destino impuesto atraviesa otras geografías. En Medea me cantó un corrido, Dahlia de la Cerda mezcla mitología griega y azteca para situarnos en Aztlán, un territorio donde conviven cumbias, electrocorridos y crimen organizado. A través de seis relatos, las mujeres enfrentan violencias familiares y sociales que delimitan sus vidas. En ese escenario aparece Medea, la hechicera de la mitología griega, que interviene, acompaña y tuerce el rumbo de las vidas de estas mujeres.

Las luchas también dejan registro en la ciudad. En Tres horizontes, Lina Flórez construye un cómic periodístico que sigue la vida de tres mujeres en Medellín: Natalia, bailarina; Andrea, periodista; Judith, antropóloga. Sus trayectorias revelan formas de resistencia en medio de una ciudad atravesada por la violencia y la cultura narco. Cada historia se mueve entre lo íntimo y lo público, entre la decisión personal y las condiciones que la rodean.

En asuntos de género, la ruralidad sigue siendo un lugar de silencios y brumas. En La paramera, de Laura Acero, una escritora reúne a un grupo de mujeres en el páramo de Sumapaz en un taller de escritura. Desde ahí se despliegan relatos sobre maternidad, amores, violencia familiar y desplazamiento, atravesados por el frío, la neblina y el silencio de la montaña. La escritura aparece como una forma de nombrar lo que no siempre encuentra lugar en la conversación.

Y así como se han impuesto límites, las mujeres también han buscado cómo deformarlos para encontrar sus propias formas. En Emily Dickinson y lo incompleto, Tania Ganitsky propone un libro que combina poesía, cartas y ensayo. La intimidad no se repliega: se convierte en espacio de construcción. Las flores, los fragmentos y los silencios dialogan con la obra de Dickinson y con la pregunta por cómo escribir desde los márgenes.

Esa indagación continúa en Mugre rosa, de Fernanda Trías. En una ciudad atravesada por una epidemia, la novela explora las relaciones de dependencia y los vínculos que se tensan en el encierro. La escritura se acerca al cuerpo, a lo que incomoda, y encuentra allí una forma de exposición para llevar lo íntimo a lo público.

Permitirse las emociones ha sido una condena y una licencia para las mujeres de muchas culturas y generaciones. Esa exploración a lo largo de sus vidas ha sido de manera particular en cada caso. Ser y escribir como mujer es poder ser y escribir de todas las formas. Explora distintas maneras de narrarnos en estas seis recomendaciones.

Por: Laura Cristina Castrillón