Bibliotecaria por un día

Isol: Colores que se salen de las rayas

La escritora e ilustradora argentina Marisol Misenta, conocida como Isol, habló en la Casa de la Imaginación de Comfama durante el Festival del Libro Infantil de Medellín, sobre su relación con las bibliotecas, la ilustración infantil y los libros que marcaron su vida como lectora.

Cabecera Isol Bibliotecaria por un Día
Isol: Colores que se salen de las rayas
Te demoras 0 minutos leyendo esta noticia

A una niña argentina le gusta colorear por fuera de los bordes. Los profesores la regañan por salirse de las líneas, por pintar con distintos colores y por dibujar a sus personajes con rostros tan extraños.

Esa niña un día se convertirá en ilustradora, y esos primeros trazos, tan absurdos para algunos adultos, serán el estilo que cautivará a niños y jóvenes de todo el mundo. Esa niña es Marisol Misenta, más conocida como Isol, escritora e ilustradora argentina que estuvo como Bibliotecaria por un Día en la Biblioteca de La Casa de la Imaginación de Comfama durante el Festival del Libro Infantil de Medellín.

Para Isol, una biblioteca es como “un castillo lleno de puertitas, que uno no sabe a dónde va a ir a parar cuando abre una”. Cada una de esas puertas es un libro que, al abrirse, permite ver el reflejo de un mundo que algún escritor o escritora quiso pintar con palabras. Su primera biblioteca, o castillo, fue la de sus padres, una biblioteca en la que había un montón de libros que no eran para niños. Era una biblioteca hecha de varios pedacitos del mundo: había literatura latinoamericana, europea, asiática y africana; también cuentos medievales y sufíes. Pero los que más la cautivaban eran los libros de arte y los cómics, entre ellos la serie de Astérix y Mafalda.

Un poco del humor de esas historias y de sus personajes absurdos y complejos inspiraría después sus libros.

La pequeña Isol no tenía televisor en su casa; por eso, su mayor entretenimiento eran los libros de sus padres. Ella se maravillaba con los libros de arte de su papá, aunque no los entendía porque la mayoría estaban en inglés. Entonces jugaba con su hermano a ponerles títulos a las obras y a inventar historias posibles para los cuadros que veían. Para Isol, las historias se sentían tan reales que, a veces, le hubiera gustado intercambiar su vida con la de algún personaje, como le sucede a Julito en su libro Intercambio cultural, quien tiene la posibilidad de cambiar su lugar con un elefante en África para ir a conocer las sabanas.

Pero cuando tenía cuatro años, en 1976, ocurrió un hecho histórico en Argentina: el comienzo de la dictadura cívico-militar. En ese tiempo, las personas con ideas diferentes a las del gobierno eran señaladas, arrestadas y desaparecidas. Por miedo, sus papás decidieron salir poco y permanecer más tiempo en la casa. Leían con sus hijos, escuchaban música, cantaban, hacían obras de teatro e imaginaban escenarios distintos al mundo hostil que les esperaba afuera. A esa edad, Isol no entendía muy bien lo que sucedía, al igual que la niña protagonista de La costura, cuando se le perdían cosas: las llaves, la bufanda, las pelotas. Ella creía que todo lo que se perdía llegaba al Lado de Atrás, un pueblo paralelo al suyo; algo parecido al mundo de afuera para Isol.

Isol, de adolescente, se parecía también a la protagonista de su libro Cosas que pasan: ambas eran niñas curiosas y ambiciosas que querían hacerlo todo. Gracias a la influencia artística de sus padres, estudió Teatro y Cine, editó revistas literarias con su hermano en la universidad y fue la voz de bandas como Entre Ríos y Sima.

Sin embargo, su primer libro, Vida de perros, no fue muy bien recibido por algunas editoriales en México, por los mismos motivos por los que sus profesores la regañaban por sus dibujos. Sus ilustraciones les parecían un poco “psicóticas”, extrañas, con trazos irregulares y colores que se salían de la silueta de los personajes. Sin embargo, por ser fiel a su estilo, por ilustrar historias similares a como quizás las dibujaría un niño, ganó en 2013 el premio Astrid Lindgren Memorial Award (ALMA) y obtuvo dos menciones de honor como finalista en el Premio Hans Christian Andersen, conocido como el “Nobel de la literatura infantil”.

Isol prefiere leer en su casa, en su propio lugar. Sin embargo, admira las bibliotecas que cada vez se sienten más vivas y tienen mejores espacios para los niños. Lugares que dejan de lado esa solemnidad y ese silencio incómodo. Lugares donde los niños encuentren en los libros y en el espacio un juego. Un lugar donde no tengan que sentarse solo en sillas; donde haya cojines y tapetes para echarse en el suelo; espacios más habitables y cercanos, donde las personas se sientan cómodas para leer o para prestar un libro y, al igual que Isol, encontrar su propio lugar de lectura, una habitación propia para leer.

Un día, esa niña que coloreaba saliéndose de las rayas, que dibujaba personajes con expresiones tan particulares y con distintos colores, se convirtió en escritora e ilustradora y, gracias al impulso de su obra, llegó al Festival del Libro Infantil de Medellín para ser Bibliotecaria por un Día en la Biblioteca de La Casa de la Imaginación de Comfama. Una biblioteca nómada que creamos para el paso y el encuentro, una biblioteca hecha por varias de nuestras bibliotecas.

Durante ese día recomendó algunos libros, habló de su trabajo y de cómo se imagina una historia combinando texto e imagen; además, resaltó la importancia de crear una secuencia narrativa y de partir de un impulso personal para crear personajes e historias.

Revive la conversación con Isol

Por: David Ossaba Salazar