De otro planeta, así era el talento de Antonio Caballero para hacerle justicia a las historias, para plasmar múltiples perspectivas que, sin dificultad alguna, enlazaba en un mismo camino lúcido, creativo y peculiar. Era genialidad pura, un referente del buen periodismo.
Un poco de su historia
Antonio Caballero Holguín fue periodista y caricaturista, pero, sobre todo, un gran narrador de historias, mordaz y crítico. Nació en Bogotá en 1945 y falleció a sus 76 años allí mismo. Hoy deja un gran vacío y rendimos homenaje a su labor intachable, lúcida e incansable. Hoy el país está de luto y con él, la valentía que lo acompañaba.
Su familia fue cuna del arte, la política y la opinión, es por ello que, para Antonio, no fue ajeno inmiscuirse en estas esferas. Fue Hijo del escritor Eduardo Caballero Calderón, hermano del pintor Luis Caballero y la escritora Beatriz Caballero, y sobrino del caricaturista Lucas Caballero “Klim”.
Antonio Caballero cursó su secundaria en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y en el Gimnasio Moderno. Sus estudios profesionales comenzaron en el pregrado de Derecho de la Universidad del Rosario, sin embargo, terminó estudiando Ciencias Políticas en París debido a que su padre fue nombrado embajador de la Unesco en 1966.
Su huella en el periodismo
Muy joven comenzó a ser columnista y en 1963 El Tiempo le abrió sus puertas para publicar sus creaciones. También trabajó en medios nacionales como Semana y El Espectador, y en medios internacionales como La BBC de Londres, The Economist y la revista española Cambio 16.
Fue un hombre pasional y eso se veía reflejado en sus columnas y escritos sobre la situación política del país, las fiestas taurinas y la pintura. Tenía un talento hipnótico, entrelazaba a los lectores con sus frases, con sus escritos maravillosos e incapaces de competir entre sí porque sería una contienda inacabada.




