Caminar por cualquier feria del libro es una forma de darle una mano a la casualidad de tener encuentros extraordinarios, ya sea con un libro que abrirá en tu mente puertas que desconocías o el autor que pasará a ser parte de tu colección de inspiraciones. En Colombia tenemos la que se dice es la tercera feria del libro más grande a nivel latinoamericano, la Filbo, Feria Internacional del Libro de Bogotá. El tamaño de este tipo de eventos se mide, principalmente, en función de la cantidad de expositores, editoriales, autores y demás personas de la cadena del libro que en ellos se reúnen.
Este año, que el tema central fue "Raíces" y el país invitado México, la Filbo cumplió 35 años. El evento realizado entre el 17 de abril y el 2 de mayo de 2023, recibió a más de seiscientas mil personas, la cifra más alta en su historia. Otro asunto interesante de esta versión fue que, bajo la estrategia "Filbo ciudades y regiones", se extendió una invitación a sistemas y redes de bibliotecas públicas u otras instituciones relacionas con el sector del libro y la lectura de diferentes zonas de Colombia para propiciar el encuentro de escritores con lectores en otros lugares del país.
Las bibliotecas de Comfama aceptaron la invitación, de modo que Maria Fernanda Ampuero (Ecuador), Gloria Cecilia Diaz (Colombia-Francia) y Gonzalo Moure (España) visitaron el Área Metropolitana del Valle de Aburrá para tener conversaciones con nuestros clubes de lectura y con público en general, encuentros que cumplieron con aquello de ser extraordinarios. Mira por qué.
Maria Fernanda Ampuero: La ficción no busca agradar

"Maria Fernanda Ampuero escribe arrancándose la piel. No, mejor sería decir que en su escritura resuena un grito que nos aturde. Tampoco esto es preciso. Tal vez la tendríamos más cerca si afirmáramos que dentro de sus libros asecha un animal que a veces ruge, iracundo y otras se esconde, acorralado, muerto de miedo, en un rincón. Leerla es descubrir que ese animal no es otra cosa que nosotros mismos y reconocer el horror y la belleza que habitan, juntos, en la experiencia humana", así presentó Maria Paula Restrepo, promotora de lectura del Parque Cultural y Ambiental Otraparte, a la escritora con quien tendría el gusto de conversar por más de una hora.
Maria Fernanda es periodista y escritora. Nació en Guayaquil, Ecuador y es autora de cuatro libros Lo que aprendí en la peluquería (2011), Permiso de residencia (2013). Pelea de gallos (2018) y Sacrificios humanos (2021). Para iniciar la conversación, Maria Paula le preguntó a la invitada por la tensión entre ser periodista y escritora de ficción. Ampuero respondió:
"Un día me di cuenta que si seguía escribiendo solo la realidad no iba a poder contar la verdad. Es una cosa paradójica, que seguro le ocurre a todos los que nos dedicamos al periodismo y a la ficción, y es que tu personaje ficticio no se guarda nada para sí mismo, cosa que si hace cualquier persona entrevistada, porque hay lugares del alma humana que avergüenzan o asustan a la propia persona o incluso que no son capaz de formular en voz alta porque eso sería humillante, incluso sería algo que podría fallarle en su cabeza al periodista o las personas de entrada creen que el periodista no lo quiere escuchar. Cuando alguien habla con nosotras, cuando estamos frente a alguien, cuando se hace el ejercicio emisor, receptor y mensaje, hay una voluntad de agradar al otro y de que el otro escuche lo que tu crees que quiere escuchar. Pero cuando tu creas el personaje haces lo que tu quieres con él, vas a los lugares más oscuros y más incoherentes, asquerosos y maravillosos del ser humano. Entonces yo quería llegar a esa verdad y me di cuenta de que solo iba a poder hacerlo si inventaba".
Si quieres revivir la conversación completa entre Maria Fernanda y Maria Paula la puedes escuchar aquí:
Gloria Cecilia Diaz: Un brebaje para la nostalgia

La conversación con Gloria Cecilia Díaz, que estuvo moderada por Luis Bernardo Yepes, inició con la pregunta por el tipo de libros que lee. Contó que es asidua a textos de filosofía y antropología, y que ambas dejan rasgos en su escritura, incluso en la que es para niños y jóvenes. Pero en su infancia se formó leyendo cómics. Recuerda títulos como Las aventuras de Novato, La Pequeña Lulú y otros publicados por Editora 5. Se escondía para leer porque a su padre no le resultaban muy edificantes estas lecturas. Aún hoy, muchos años después, todavía lee este género. Por ejemplo, hace poco leyó El árabe del futuro, de Riad Sattouf. En cuanto a la literatura juvenil colombiana mencionó que uno de sus favoritos es Cuchilla, de Evelio José Rosero.
Gloria Cecilia nació en Calarcá, Quindío, pero desde hace aproximadamente 30 años vive en Francia. Es doctora en Literatura de la Universidad La Sorbona. Combina su actividad como escritora con la docencia escolar. Escribe principalmente cuentos, novelas y poemas dirigidos a público infantil y juvenil. En el 2006 recibió por la totalidad de su obra el Premio Iberoamericano de Literatura Infantil y Juvenil Otorgado por Ediciones SM de Madrid, el CERLALC, la OEI, el IBBY y la UNESCO. Ha publicado más de 15 trabajos, algunos de los cuales son: El valle de los Cocuyos (1985) La bruja de la montaña (1990), El sol de los venados (1993) y La otra cara del sol (2007).
El último título mencionado es una continuación del que lo precede. Gloria contó que La otra cara del sol nació porque una niña mexicana le pidió que le contara qué había sido de la vida de Jana, la protagonista de la historia. La autora se embarcó entonces en la continuación pero sufrió mucho haciéndolo porque le causaba temor que, dada la distancia temporal entre la escritura del uno y el otro, la secuela no conservara el tono de la primera parte. Además, escribiendo ambos libros lloró mucho pues durante todo el proceso de creación tuvo en su mente el recuerdo de su padre. De hecho, la sensación de nostalgia por su padre se le revive cada que lee o habla sobre estos libros. Por muchos años se negó a reconocer que los dos libros componían una historia autobiográfica, que eran un homenaje a aquel hombre que tanto quiso, pero ya habla tranquilamente de ello.
Un grupo de niños y niñas que se reúnen en el Parque Cultural y Ambiental Otraparte leyó El Valle de los Cocuyos. Su lectura se concentró en los ancestros, la memoria, las huellas que quedan en el cuerpo, las plantas medicinales, los caparazones de las tortugas, las experiencias de vida propias y las de los otros. Todo les llevó a crear brebajes para usos tan variados como hacernos más pequeños, curar el dolor de panza y ser niños una y otra vez. Estas fórmulas mágicas fueron entregadas por ellos mismos a la autora que los inspiró. Gloria, después de estar lejos de la ciudad, mandó un mensaje diciendo: "Aún tengo el cielo de Medellín en mis ojos. Fue todo muy lindo", parece que los hechizos funcionaron.

Gonzalo Moure: Escribir es una forma de la libertad
Gonzalo Moure trata en sus obras para jóvenes los problemas sociales que implican la desigualdad, la migración y la exclusión. Con algo más de cuarenta libros, ha ganado premios como El Barco de Vapor, el Ala Delta, el Gran Angular y el Cervantes Chico por toda su obra. Dedica buena parte de su vida a dos cosas: construir bibliotecas en los campamentos de refugiados del Sáhara y a “escrivivir”, es decir: sumergirse en historias como si de verdad las estuviera viviendo.
Moure tuvo un movimiento parecido al de Ampuero, se cambió del periodismo a la literatura por la libertad. Mientras trabajaba para un periódico se sentía amarrado al dictado del público. En sus palabras, planteó que "como periodista uno escribe, uno indaga, uno trata de cambiar la realidad, pero está obligado a un guion, que es el de la vida, el de la actualidad y muchas veces la dictadura del morbo. Es mucho más interesante otra cosa. Nunca he escuchado un noticiero que empiece contando la historia de una niña sorda que cree que los camellos hablan. Siempre hay que empezar por la última bomba, la última matanza, la última guerra. Y eso me pasaba a mí también. Yo quería la autentica libertad de escribir de lo que uno siente, de lo que a uno le emociona, de lo que de verdad uno quiere compartir con los demás".

Dijo Moure en el evento al que lo invitamos y que estuvo moderado por Juan Pablo Hernández, que la escritura es el oficio más bello del mundo porque uno puedes inventar, mientras que otros oficios están más sujetos a reglas. "Tengo la libertad de meterme en el alma de cualquier persona de este mundo que es, fue o será y esa es la libertad absoluta". Él, por ejemplo, se anticipó a la tragedia de las pateras (tipo de embarcación) que desde hace algunos años se usan de manera masiva para pasar de Africa a Europa. En uno de sus libros, escrito hace más de 30 años, cuenta como un grupo de migrantes llega a las playas y no les dejan pasar.
También nos contó de un proyecto de escritura colectiva en el que participa: once escritores, es decir veintidós manos, se ponen de acuerdo para escribir un relato juntos. Dice Moure que cuando uno acepta la idea del otro que contradice la suya se produce algo maravilloso. Según él, el ejercicio de escritura colectiva "reproduce el proceso de escritura del escritor en solitario porque igual este discute consigo mismo, se dice eso sería mejor así o asá. Y alguién le contesta, como eso que hablaba antes de que el personaje se te enfrente y decide por ti. Aquí sucede entre once cerebros y eso no quiere decir que nuestra novela sea mejor que la un escritor. Pero es bonito, es hermoso y es útil porque es hermoso [...] ¿Sabes lo maravilloso que es tener una idea y pensar "qué idea tan brillante he tenido, que personaje más maravilloso" y que vengan los otros y te digan: "eso se ha contado mil veces ya"". Dos obras han salido de ese proceso: Aurora o nunca y Aurora y en la hora.
Si quieres revivir la conversación completa entre Gonzalo Moure y Juan Pablo Hernández la puedes ver aquí:




