Reseña

El buen vecino

Reseña del libro Cómo ordenar una biblioteca, de Roberto Calasso.

Cabecera Reseña Cómo ordenar una biblioteca Daniela Gómez
El buen vecino

Leer a los editores del siglo XX es tener ante sí la contratapa de la historia reciente: estuvieron, por obra y gracia de su instinto, en los momentos definitivos con los personajes protagonistas; atentos de sus palabras, siguiendo el movimiento que los llevaba a buscar lo que estaba por decirse. Roberto Calasso (1941 – 2021) es uno de ellos. Su participación en Adelphi, la gran editorial italiana, lo convertía en una enciclopedia de la historia de la literatura y de la relación de esta con el acontecer europeo.

Cómo ordenar una biblioteca (Anagrama, 2021) es uno de sus títulos dedicado a recorrer su amistad profunda con los libros. Otro es Cien cartas a un lector desconocido, en él compila textos de contratapa escritos a lo largo de los años para los libros publicados por su editorial. Se preguntaba Calasso qué tendría que decir en esas cuantas líneas para ganarse a un lector, antes de que este naufragara entre los miles de ejemplares que le ofrecían los estantes de una librería. Esta reseña sobre Cómo ordenar una biblioteca juega a seguir la lógica de Calasso: podría ser una contratapa para no dejar escapar a un lector que ama a los libros y se pregunta por el lugar que ocupan en su vida.

Para empezar, acá el orden alude a una cosmogonía que va más allá de la secuencia de lomos en un estante. Quiere decir, en cambio, cómo los libros se convierten en esa fuente a la que se vuelve en busca de sentido y la necesidad de tener un mapa para llegar a ellos. Quizá suene obvio: para Calasso, los libros no solo eran su trabajo, sino su forma de contar —también era escritor— y de conocer a sus amigos. Tanto así que nomás empezar el primero de los cuatro ensayos que le da nombre al libro, aclara respecto al orden:

La única regla áurea es la del buen vecino […] según la cual, en la biblioteca perfecta, cuando se busca un determinado libro, se termina por tomar el que está al lado, que se revelará aún más útil que el que buscábamos.

Ordenar entonces según un criterio que hermana los ambientes y paisajes interiores que nos sugieren los libros, como ocurre con una buena conversación. Además de la vecindad beneficiosa, Calasso menciona la idea de la biblioteca como un lugar psíquico, un espacio donde se refleja cómo pensamos, cómo conectamos los hilos a partir de rastros y derivas, lo que supera cualquier clasificación metódica que pueda exteriorizarse con claridad, incluso a los amigos más queridos.

Aparte de sus ideas amorosas sobre los libros, las historias que cuenta Calasso sobre bibliotecas, editoriales, librerías, bibliófilos, coleccionistas o simples acumuladores, para dar luces sobre cómo las obsesiones y casualidades le dan forma a los archivos privados y públicos, provocan de manera exponencial las lecturas posteriores. También su ensayo sobre las revistas, lleno de anécdotas que Calasso conocía por ser quien era, dibuja el panorama de las vanguardias del siglo pasado desde una perspectiva novedosa, que permite entender el acontecer literario en términos sociales y el porqué de la tentación de todos los grupos de escritores de lanzar su propio número. Quizá también como consecuencia de la amistad, porque al igual que con las bibliotecas, reaparece en el asunto de las revistas la regla del buen vecino, tanto como criterio para juzgar la selección de textos como a quienes participan en ella: “Una buena revista mantiene unidos a los escritores”, dice, “incluso a los más aislados, y los pone en la situación de influir en su tiempo”.

Después de un paso veloz por el arte de la reseña —género al que le daba una importancia especial y del que se ocupa en el tercer ensayo—, el libro regresa al asunto del que partió ahora para explicar cómo se debe ordenar una librería. Quizá Calasso intente ser más práctico, pero sus argumentos siguen siendo igual de particulares, obsesivos y sensuales, al punto que llevan a soñar no con su librería-paraíso, sino con heredar su mirada para ver los libros. Cómo no, todo recae en la importancia de crear un ecosistema de libros deseables, tan buenos y misteriosos, que no importe a cuál lleguemos, siempre ese habrá sido el libro que por alguna razón estábamos buscando. Como bien tendría que ocurrirle a cualquier que caiga en manos de Calasso.

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