En el ensayo Aves migratorias, que lleva el mismo nombre del libro, Mariana Oliver nos dice que “la casa es una ruta anclada en la memoria”, “una grabación de la infancia, un recuerdo implantado”. Asociando cómo algunas aves, al igual que niños y niñas en la infancia vinculan la casa con los objetos, e imitan gestos y posturas de familiares. Incluso aprenden palabras y frases que no entienden como si fueran propias, para garantizar la supervivencia porque “la casa también es un gesto duplicado” (p.26).
La historia de la humanidad ha estado marcada por la migración. Éramos seres nómadas; un día aquí, mañana allá. Una vida en constante movimiento, recogiendo frutos en el camino, cazando para sobrevivir. Luego echamos raíces y nos asentamos para cultivar la tierra. Con el tiempo, creamos espacio para quedarnos, y este se sofisticó tanto hasta el punto de volverse casa. Pero no nos detuvimos. Seguimos en movimiento, ahora por motivos diferentes. La migración y la casa, movernos y permanecer, son temas que nos conectan con los inicios de lo que somos.
El título 175 de Palabras Rodantes fue escrito por Mariana Oliver, ensayista mexicana y doctora en Letras Modernas. Su talento fue reconocido en 2016 con el Premio Nacional de Ensayo Joven José Vasconcelos por esta obra, Aves migratorias; una cartografía fascinante sobre la necesidad vital de partir y la búsqueda incesante de refugio. Ha sido publicado en México, Colombia, Estados Unidos, Italia, Turquía y Ecuador.
Su aguda escritura fusiona el ensayo y la literatura, la filosofía y la poesía. Migrando entre diferentes géneros, nos lleva por un viaje literario que explora el desplazamiento humano, la memoria histórica y la naturaleza del lenguaje como hilos conductores de la experiencia vital.

*En esta nueva edición, el prólogo es de Lorena Salazar y las ilustraciones de carátula e interiores son de Samuel Castaño Mesa. Una de estas es un mapa en el que podemos navegar a través de algunos objetos simbólicos de los once ensayos que componen el título.
En medio de los ensayos que conforman Aves migratorias, Oliver, entre historias propias, de cercanos y lejanos, hechos históricos, historias de ciudades propias y de otros, nos lleva y trae entre ideas que ponen en tensión la premisa de que estamos en constante movimiento, y a su vez en una búsqueda por encontrar un espacio al cual llamar casa. Juguemos con algunas de estas ideas que confrontan el concepto de casa y migrar en estos ensayos, que parecen contradecirse, porque justo esto es lo que pasa cuando migramos, hay contradicción, movimiento, oscilación, ires y venires, gustos y disgustos, certeza y desazón.
Como contraste a las definiciones de casa que citamos al inicio, la autora en el mismo ensayo nos lleva a pensar que migrar, así como en la historia de la humanidad, en algunas aves es un comportamiento natural: “una necesidad de repetición que nunca las abandona y las obliga a recorrer grandes distancias aunque en el camino se jueguen la vida” (p.27). Y también se migra por “motivos imaginarios de otros” (p.70).Como nos cuenta Oliver en Los otros niños perdidos, donde por la Operación Peter Pan, más de 14 mil niños y niñas cubanas viajaron solos de manera clandestina de Cuba a Estados Unidos entre los años 1960 y 1962.
Estos escenarios, sumados a los cientos de causas para migrar, ubicados en la misma mesa de las primeras definiciones de casa vinculadas a la infancia de las que ya hablamos, nos llevan a preguntas como: ¿qué pasa cuando los recuerdos de infancia nos generan infelicidad? En el ensayo La lengua de Özdamar, la protagonista del relato, Özdamar, una escritora turca, “escribió una novela autobiográfica: Extrañas estrellas, que se publicó hasta 2003” (p.80) en alemán, afirmando que “las palabras extranjeras no tienen infancia. Sus raíces, entonces, son menos profundas, sus ramas endebles. ¿Cómo se puede renunciar a la lengua materna sin renunciar también a la infancia?” (p.86). Ante esta formulación, Oliver afirma que “Özdamar escribe en alemán para eludir la infelicidad, para rechazar la violencia. El posible sanatorio de las palabras podría estar también en la huida” (p.86), dejándonos con la idea de que la migración también es una forma de huida y resistencia, lo cual también implica renuncias.
Entre estas renuncias está la lengua madre: “Özdamar también intuía que, si tanta gente empaca su vida en maletas de veintitrés kilos, algún encanto debe tener despojarse, incluso, de la lengua de la madre” (p.80). Aunque despojarse tampoco implique encontrarse totalmente en casa en la nueva tierra: “abandonarse en otra lengua y asumir que siempre habrá algo imposible de comprender en las palabras, algunas veces más distorsionado que se aleja cuando creemos acercarnos” (p.79). Y es cuando alejarnos de casa se convierte en un lugar especial para volver en los recuerdos, migrar también es evocación y nostalgia: “Estambul emerge difusa a través de la evocación, existe solamente en la memoria y se vuelve el sitio predilecto para la nostalgia” (p. 82).
Entre esos ires y venires, en el último ensayo, Plano de una casa, Mariana Oliver nos deja dos bellas definiciones sobre casa. Aquella casa que elegimos. La casa que no siempre está vinculada a la infancia. Que traspasa fronteras. Que se entiende con más claridad en el plano de lo más íntimo. Nos dice que “solo deberíamos llamar casa a los espacios que podemos recorrer a tientas” (p.132), y nos pinta en una imagen donde la casa es entonces el lugar para jugar con los amigos y donde los amigos siguen tus reglas:
Para seguir explorando ideas sobre casa y migración, sobre cómo en casa hay un "yo regado" en objetos cotidianos que dicen más de nosotros que cualquier retrato. Sobre lo que se es y deja de ser con la migración. Sobre las casas anteriores y las nuevas. Sobre la casa de la infancia, la nostalgia y la memoria. Sobre cómo la migración es un proceso complejo y transformador que redefine nuestra identidad, memoria y el cómo nos relacionamos con la lengua madre. Sobre esas nuevas formas de nombrar el mundo después de migrar, y sobre todo, cómo construimos una forma propia de nombrarnos en el mundo también como forma de resistencia. Sobre cómo migrar no es para todos, porque al igual que las grullas trompeteras que en cautiverio nunca superaron la infancia y perdieron su impulso de partir, hay condiciones que no siempre nos permiten el vuelo. Explora aquí todas las páginas de Aves migratorias y otros autores que abordan estos temas.





