Nací en un pequeño y desconocido pueblo del nordeste antioqueño, Yalí, entre montañas, maizales, cañaduzales, trapiches, árboles de mango, gallinas y guayabas agrias. Mi niñez transcurrió en la ciudad y en las lomas de mi pueblo. En ambos lugares probé desde muy temprana edad el amargo sabor de la violencia de Colombia, por obligación tuve que aprender sobre la pérdida, la muerte, el miedo y la incertidumbre. Por fortuna, he contado siempre con el amor de mi familia.
Desde la infancia, las letras han sido mi salvavidas, la posibilidad de fugarme de una realidad adversa e inasible. La escritura, en específico, se convirtió en mi refugio para aprender a nombrar, pensar e imaginar. Mi imaginación no llegó tan lejos como para avizorar que esta pasión hacia las palabras en algún momento sería también un trabajo. Desde hace varios años soy promotora de Lectura, Escritura y Oralidad y hago parte de una colectiva feminista, Colectiva La Enjambre, creada desde el 2016 en diferentes lugares de la ciudad y el departamento. Soy una mujer lesbiana, me gusta contemplar las aves, escribir de vez en cuando, leer a las mujeres y aprender de las niñas y niños.

Capítulo 1: La raíz
Te recuerdo sentada en ese anden estrecho que alojaba tu cuerpo solitario, tendrías unos 8 o 9 años, desde allí mirabas a las otras niñas jugando en La Veta, la calle en donde naciste, en donde se armó el revuelo por tu nacimiento, tu mamá te parió en la habitación de la casa de la mamita Esperanza y el papito Nando. Aún duermes en esa habitación donde por primera vez tu cuerpo se desprendía del vientre materno gracias a las manos de Aurora, la partera. No había dinero para llevarte al hospital del pueblo. Tu madre emprendería tres meses más tarde un viaje hacia la ciudad para sacarte adelante a ti y a tu hermana mayor, Laura. Tu abuela te alimentó a punta de jugo de remolacha y zanahoria, llorabas todas las tardes, a eso de las cinco, quizá fuera la ausencia de tu madre.

Creciste morena, de cabello castaño claro, ojos grandes, labios gruesos, nariz un poco chata, dientes grandes y separados, eras silenciosa, sensible, racional e imaginativa. Amabas a los animales. Tenías pocas amigas y amigos, tu hermana siempre fue el ser más presente, en quien más confiabas. Gracias a tu padre aprendiste a amar los libros, pero gracias a tu madre aprendiste a descifrar las letras y a hilar sentidos. Empezaste a escribir, no puedes precisar el momento, inventabas cuentos, ensayabas palabras como si se tratara de pócimas secretas, jugabas a las palabras mientras las otras niñas saltaban la cuerda y se ocultaban entre los grandes andenes. Leías y releías todo lo que se atravesara, desde Francisco Hinojosa, Christine Nöstlinger hasta Walter Riso y Gabriel García Marquéz. Escribías diarios, era tu momento de regocijo. Te considerabas rara, diferente, te parecía sentir el mundo de otra manera que no leías en las demás personas. Quizá fueron las palabras, te dices…
Capítulo 2: La elección por la literatura

Llegaste a la ciudad. Estudiaste en un colegio de mujeres que ahora ya no existe. Eras buena estudiante, aunque deseabas terminar pronto el colegio. Te gustaba la música en inglés, dibujar, pintar, seguías leyendo, conociste otros autores como Julio Cortázar, Ernesto Sábato y Andrés Caicedo. En algún momento deseaste estudiar fotografía o artes plásticas, pero decidiste estudiar derecho, por algún interés producto de la herencia y presión paterna. Aun así, disfrutabas estudiar, aprender sobre el sistema. Nunca dejaste la literatura, seguiste escribiendo y ávida, como eras, leías mucha literatura, te resguardabas, cómo no, en la biblioteca, de la universidad. Cuando llegó el momento de graduarse, ya estudiabas Licenciatura en Lengua Castellana en la Universidad de Antioquia, sabías que no te apasionaba ejercer el derecho…
Te graduaste en el 2012, ejerciste el derecho en el 2013, al mismo tiempo, te adentraste como nunca antes en la literatura escrita por mujeres. Las palabras siempre te llamaban, leíste y releíste a Marguerite Yourcenar, Alejandra Pizarnik, Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, Clarice Lispector, Wislawa Szymborska. Hallaste tu voz en la voz de las mujeres y empezaste a escribir algo parecido a la poesía. Te cambiaste de carrera, a Filología. Desde entonces sientes que te cuesta escribir ficción, escribir narrativa, pero quieres escucharte de nuevo, reencontrarte con tu ritmo y poco a poco las palabras irán apareciendo, sin importar la forma…Por esa época ya habías conocido a Mateo, tu primo, un niño con el que te vinculabas de una forma excepcional a través de la conversación y los libros de literatura infantil. Cuando le leías a él, acudías a esa emoción de la infancia, cuando tu papá te leía en voz alta. Te decidiste por esto, empezaste a trabajar en una biblioteca comunitaria y de ahí en adelante te nombraste como promotora de Lectura, Escritura y Oralidad.
Capítulo 3: Colectiva La Enjambre
La Colectiva La Enjambre empezó a prefigurarse más o menos en el año 2014, justamente cuando tu vida había dado un vuelco, renunciaste a una empresa en la que trabajabas como abogada y vendiste hamburguesas vegetarianas por unos cuantos meses. Un trabajo que demanda mucho tiempo, por lo que tu mamá y tu hermana te ayudaban día a día para poder seguir yendo a la universidad. Un trabajo llegó a ti como caído del cielo, pero antes te habías juntado con algunas amigas y tu hermana para crear algo, aún no tenía nombre… En el 2016 conociste a tu compañera, Cindy, con ella pudiste concretar ese sueño, así nació La Enjambre, gracias al amor y al encuentro entre dos mujeres que aman la literatura, la niñez, el juego y el asombro.

La Colectiva La Enjambre nació en Bello, pero se ha expandido a diferentes barrios de Medellín y otros municipios de Antioquia, como Guarne e Itagüí. La idea de adoptar el nombre de un fenómeno como un enjambre de abejas las lleva a creer en el movimiento y a ponerlo en práctica. En medio de la itinerancia, llegaron al corregimiento de Altavista donde construyeron junto a una lideresa comunitaria una biblioteca popular en un callejón de la vereda La Palma. Desde entonces, te desempeñaste como bibliotecaria popular y promotora de Lectura, Escritura y Oralidad, además de coordinar junto a tu compañera Cindy la colectiva y desarrollar otras líneas de La Enjambre.
Anecdotario
A los 14 años seguías interesada por la literatura, a partir de ese momento empezaste a ahondar en las obras, biografías y estilos de las personas a las cuales leías. Hoy en día eres consciente de que en ese momento solo leías hombres, era lo que siempre estaba a la mano, lo que te ofrecía la biblioteca familiar y la de la escuela. Echas en falta esa ausencia de las mujeres en tus lecturas de la niñez, la adolescencia y la juventud. Es por esto que ahora tú interés está centrado en la literatura escrita por mujeres.
Entre el año 2014 y 2017 te invitaron en varias ocasiones a eventos de poesía, algunas publicaciones digitales e impresas. Aprendiste bastante de la experiencia y lo disfrutaste, pero sientes que de algún modo esto te alejó de la escritura por varios años, aunque nunca abandonaste la literatura.
En el año 2019 decidiste renunciar a un trabajo para dedicarte por completo a la colectiva. Te sientes afortunada de tener un trabajo como este y además poder seguir haciendo lo que disfrutas: nadar, escribir, leer, compartir con tu familia.
En el año 2019 la Biblioteca Popular La Enjambre realizó su primera publicación a partir de las experiencias y las memorias de las niñas y niños afrodescendientes que habitaban la biblioteca. Acompañaste este proceso con amor, entrega y escucha.

