Apetito de aventuras
Ese día todo Comfama de Pedregal olía a galletas. No a galletas cualquiera: a unas de pecas, trenzas rebeldes y calcetines hasta las rodillas. Los niños y las niñas del Club de lectura Carcajadas, acompañados por sus cuidadores, las hornearon con un propósito clarísimo (y deliciosamente literario): traer a su mundo una escena del libro Pippi Calzaslargas. Así, entre tazas repletas de masa, risas y bandejas calientes, celebraron el final del libro como si se tratara del cumpleaños de una amiga de toda la vida. Y, en cierto modo, ya lo era.
Pippi, la niña más fuerte y libre del mundo, les había hecho compañía durante varias semanas. Había vivido con ellos por medio de la lectura en voz alta compartida, capítulo a capítulo, en un ciclo de lectura que convirtió los encuentros del club en un juego disparatado. Porque en el Club Carcajadas —que funciona hace tres años en la Biblioteca Comfama Pedregal— la lectura va más allá de juntar letras.
Y ahí estaban José Orjuela, fanático de la astronomía y la ciencia, leyendo las travesuras de Pippi como quien observa una supernova. Isaid León, que adora los cuentos de humor y montó una adaptación de uno de los capítulos del libro para un concurso de narración oral, del cual salió campeón. Y María José, que además de saber trabalenguas y adivinanzas, ha disfrutado también de clases de cocina y teatro en la sede. Nadie se salvó de quedar un poco encantado con esa niña de trenzas paradas y lógica imposible.
El libro fue parte de una experiencia amplia: lectura, juegos, actividades creativas y mucho más. Como tantas otras veces en la historia del club, donde ya se han leído libros como Cuentos en verso para niños perversos de Roald Dahl o El libro secreto de los monstruos (y de sus miedos) de Lizardo Carvajal, y se han vivido proyectos como Poemas para navegar, una aventura poética en la que los participantes crearon barcos autómatas para acompañar la lectura en voz alta de versos que soltaron al viento.
Y claro, no faltan las visitas memorables: autores como Ivar Da Coll, Irene Vasco o Yael Frankel han pasado también por la historia del club, dejando ideas, preguntas y esa sensación de que los libros están hechos por personas que alguna vez fueron niños curiosos como ellos.
El Club Carcajadas sigue creciendo, como el apetito de Pippi por las aventuras. Porque leer en compañía reconforta, transforma, alegra. Y porque, como aprendieron con ella, nada está tan bien como darle la vuelta al mundo… o a una galleta recién horneada.









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