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Un lugar llamado Biblioteca Débora Arango

A través de las miradas de Daniela, Ricardo y Yoselin, se construye un relato colectivo para comprender todo lo que puedes significar una biblioteca cuando se habita.

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Cada fin de semana, Daniela Núñez, junto con su esposo, Juan Carlos y, Liam, su hijo de 4 años disfrutan la hora del cuento en la Biblioteca Pública y Parque Cultural Débora Arango. Allí cantan, leen, pintan, hacen manualidades e imaginan mundos. Para ellos, este espacio se volvió parte de su rutina y un tiempo para crear juntos.

Como ellos, muchas personas llegan a la biblioteca por razones distintas: para disfrutar en familia, en busca de compañía o, por el contrario, para estar a solas, en silencio, lejos de las pantallas y del ruido del día a día. Esa diversidad de formas de habitarla revela su valor, pero también deja en evidencia un riesgo en un mundo cada vez más hiperconectado: si dejamos de venir, de participar y de apropiarnos de estos espacios, las bibliotecas pueden perder su lugar en la vida cotidiana.

Las bibliotecas se mantienen vivas, o se vuelven invisibles, según cómo las habiten las personas. Sin presencia, sin participación y sin una vida cultural compartida, incluso los espacios más valiosos corren el riesgo de quedarse vacíos.

140. 610 servicios brindados través de la programación cultural de este espacio y prestamos 17. 147 libros. Está compuesta por 16 bibliotecas, 20 puntos de lectura y 6 bibliometros. Esta oferta se complementa con 2 bibliotecas móviles y una biblioteca digital para ampliar el acceso, además de 25 maletas internas diseñadas para llevar contenidos a diferentes espacios de manera flexible.

Para Daniela, la clave está en la experiencia compartida. Sin espacios como este, se perderían momentos de encuentro y de desarrollo emocional. «Las bibliotecas dejarían de ser lugares donde niños, niñas y adultos comparten historias y construyen vínculos alrededor de la lectura», afirma.

Esa necesidad de cuidado y presencia es la que ahora da sentido a la alianza entre la Alcaldía de Envigado, a través de su Secretaría de Cultura, y Comfama: una decisión conjunta para ampliar las oportunidades de acceso al arte, la cultura y la lectura, y asegurar que la biblioteca siga siendo un espacio habitado, activo y significativo para la comunidad.

En ese ecosistema, cada persona encuentra un significado distinto. Daniela halló un espacio para salir de la rutina y reconectar con su familia. Ricardo, de 7 años, llegó con su mamá, Jenny y descubrió que la Biblioteca Débora Arango también podía ser un lugar seguro. «Me gusta venir porque puedo ver libros animados y descubrir nuevas aventuras", cuenta mientras observa un libro de animales.

Para Yoselin, gestora cultural, la biblioteca es su segundo hogar. Allí acompaña, escucha y crea vínculos con los visitantes. «Para mí, una biblioteca es un refugio compartido, donde el conocimiento se encuentra con la vida cotidiana», dice.

Las historias de Daniela, Ricardo y Yoselin muestran que una biblioteca nunca significa lo mismo para todos y que es en la forma en que cada persona la habita donde reside la magia de estos lugares y la razón por la que solo pueden mantenerse vivos como un trabajo colectivo.

Celebramos una alianza junto a la Alcaldía de Envigado para el aprendizaje y el crecimiento. Este espacio se suma al ecosistema de Bibliotecas que se ha construido por más de 50 años en Comfama y es un símbolo de historia y legado que cuidaremos juntos.

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