Toda obra empieza detrás del telón, en la duda y en la necesidad de imaginar sin certezas. Antes de ser una producción, El Mago de Oz fue una pregunta: ¿cómo crear una obra que dialogara con las familias, habitara distintos territorios y encontrara en los festivales un lugar para existir y crecer?
El reto no era menor. No había una producción previa ni un elenco consolidado, tampoco una fórmula probada. Optar por una obra propia implicaba asumir el riesgo de crear sin garantías y confiar en que el proceso encontraría su sentido en el camino.
La respuesta fue hacerlo en colectivo. El equipo de Festivales y el Claustro Comfama se articularon para gestar la obra, bajo la dirección de Kiko Rubiano y con un equipo creativo multidisciplinario que construyó el universo escénico. Desde el inicio, la apuesta fue que la creación fuera también un espacio de formación y aprendizaje compartido.
La convocatoria atrajo a actores y actrices de distintas trayectorias. Sesenta y cuatro personas se inscribieron y dieciocho participaron en un taller–audición de tres días, centrado en la técnica del jiu-jitsu aplicada al teatro. Además de elegir un elenco, el objetivo era que los aprendizajes se expandieran a otros espacios culturales y de formación.
Antes del estreno se realizaron 44 ensayos. La primera función reunió a equipos de Comfama y la tensión era palpable. Cuando el aplauso confirmó que todo había valido la pena, un público interno compartió sus impresiones.

Los festivales en Comfama proponen nuevos temas de conversación a través de la celebración y el encuentro.
El Mago de Oz encontró en los Festivales Comfama un espacio natural para activar conversaciones significativas. Estos escenarios permitieron que la obra creciera función tras función y se encontrara con públicos diversos, lo que integró creación artística y conexión con los territorios.
La experiencia evidenció la madurez de una estrategia de festivales que combina creación y formación, y entiende la cultura como un proceso colectivo. Más que una obra en escena fue una extensión viva del proyecto cultural de Comfama, que permitió comprender a los festivales como espacios donde el arte crece, se comparte y cobra sentido en el encuentro con las personas.
Como Dorothy y sus compañeros, el equipo, los artistas y el público fueron descubriendo que aquello que buscaban no estaba afuera, sino en lo que construían juntos. La obra se volvió un espacio de reconocimiento de las familias y de la importancia de avanzar acompañados. Es ahí donde las ideas toman forma y el sentido se hace posible.
8.670.010 servicios culturales posibilitaron la cultura en Comfama (incluye programación, centros culturales, festivales, bibliotecas, ELPAUER).

161.718 asistencias presenciales y 393.968 virtuales a los festivales propios y en alianza: Hay Jericó, Animación, Actuar por lo vivo, Vibra Urabá, Días del libro, Parada Juvenil, Fiesta del Libro, Filosofía, Teatro Comfama San Ignacio y Artes de la calle, y Santa Fe de Antioquia.
Aliados con los que lo hacemos posible
Fundación Hay Festival, Alcaldías de Medellín, El Retiro, Envigado, Jericó, Apartadó, Santa Fe de Antioquia, Cámara de Comercio de Medellín, la Gobernación de Antioquia (a través de sus institutos de Cultura y Ciudadanía, y de Patrimonio), el Metro de Medellín, el Distrito San Ignacio. En el ámbito académico y cultural, destacan la Embajada de Francia en Colombia, la Universidad Nacional (sede Medellín), UPB, EAFIT, la Universidad Católica Luis Amigó, la Corporación OtraParte y la Revista Filosofía & Co, entre muchas otras organizaciones que fortalecen nuestra misión cultural y educativa.

