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Manifiesto del Costurero de Historias de Aranjuez

Hilvanar la vida

Conoce la historia del Costurero Literario de Aranjuez, una comunidad de mujeres que desde hace diez años se reúne para leer, bordar y conversar.

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Hilvanar la vida
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Ellas se reunían desde antes. El tejido era una de las razones para encontrarse: en casas de amigas y vecinas, en salones de juntas de acción comunal o en los parques de Aranjuez. Entre agujas, hilos y conversaciones pasaban las tardes.

Hilda, Marta, Dora, Gladys, Luz y tantas otras mujeres —hijas, mamás, abuelas, tías, vecinas— llegaban con sus propias maneras de tejer y de contar. Algunas sabían bordar; otras aprendían. Unas llevaban tinto, chismes, recuerdos; otras simplemente querían conversar. En 2016 tocaron las puertas de la biblioteca. Allí encontraron un lugar para seguir reuniéndose y, poco a poco, los libros empezaron también a circular en la mesa.

Desde entonces, cada jueves se encuentran para leer, bordar y conversar. Se enseñan unas a otras, comparten lo que saben y también aquello que todavía están aprendiendo. Entre una puntada y otra hablan de los libros, pero también de lo que pasa afuera, de lo que recuerdan y de lo que quieren entender.

Diez años después de aquel encuentro, decidieron escribir juntas lo que han aprendido durante este tiempo. El manifiesto de una comunidad que se construye cuando el tejido une, cuando las manos comparten, cuando se lee en voz alta y cuando siempre hay espacio para aprender de otra persona.

Hilvanar la vida: Manifiesto para un club de lectura y artes textiles

1. Nos asumimos como una comunidad de aprendizaje

Somos responsables, entre todas, de cuidar el espacio donde el conocimiento puede encontrarse con la experiencia.

Compartimos porque el conocimiento crece cuando circula.

Creemos que nadie aprende en soledad. Nos enseñamos unas a otras. Aprendemos unas de otras.

Aprender nos ayuda a sostenernos y cuando enseñamos nos sostenemos entre todas.

Venimos a compartir nuestro conocimiento y su proceso, compartimos experiencias, tiempo, historias y formas de ver el mundo.

Compartimos lo que sabemos, pero también compartimos aquello que todavía estamos aprendiendo.

Reconocemos que todas las personas tienen algo para enseñar y algo para aprender.

No queremos ponerle precio al conocimiento. Confiamos en el intercambio generoso, porque sabemos que una comunidad se sostiene cuando compartimos todo lo que somos.

2. Aprender también es desaprender.

Aprender nuevas técnicas nos mantiene la mente abierta para escuchar otras formas de pensar, nos recuerda que siempre hay más de una manera de hacer las cosas e infinitas maneras de habitar el mundo.

Tenemos la disposición para aprender, pero también nos permitimos enredarnos en los hilos. Sentir que no podemos y finalmente lograrlo.

Reconocemos que el error no es un fracaso del aprendizaje, sino una evidencia del proceso.

Nos reunimos para descubrir habilidades que no sabíamos que teníamos.

Para intentar cosas nuevas, aunque la primera vez no salgan bien. Para equivocarnos sin vergüenza. Para volver a empezar, si hace falta. Sabemos que cada una aprende a su propio ritmo.

No apresuramos los procesos ni medimos el tiempo de las demás con el nuestro.

3. Este es un espacio para descansar el alma

Queremos que este sea un lugar donde podamos cambiar de ambiente.

Salir de la rutina. Desestresarnos. Respirar. Encontrar maneras de tener la mente tranquila.

Cuidamos nuestra salud mental entre todas cuando hablamos con confianza.

Cuando nos sentimos escuchadas.

Cuando sabemos que nadie nos va a juzgar.

Cuando podemos decir lo que pensamos.

Cuando encontramos motivos para la alegría.

Reconocemos que las artes textiles están conectadas con el cuidado. Nos permiten arropar, unir, reparar y sostener la vida.

4. Somos un hogar fuera del hogar. Un lugar construido colectivamente desde el cuidado, la dignidad y la resistencia

Queremos ser un lugar donde todas podamos llegar con lo que somos.

Creemos que la familia se teje y se ensancha en cada vínculo.

Elegimos encontrarnos con personas que no son como nosotras.

Creemos que la diferencia no amenaza el tejido, sino que suma hilos al entramado del mundo.

Practicamos la hospitalidad y la hospitalidad de los saberes. No pedimos que nadie deje su historia en la puerta.

Nos encontramos con lo que cada una sabe, con lo que cada una vive y con lo que cada una todavía está buscando.

5. Nuestras manos nos conectan con el pensamiento

Mientras hacemos una puntada o unimos dos telas, mientras hacemos con las manos, también urdimos nuestras ideas.

Recordamos.

Imaginamos.

Descubrimos nuevas posibilidades.

Nuestras manos son el vínculo con nuestro pensamiento y nuestra esencia. Por eso todo lo hecho a mano es único e irrepetible como nosotras.

Lo hecho a mano es artesanía y reflexión. Tiene un valor que no puede medirse por su precio.

6. Los pequeños detalles hacen la diferencia

"Seamos vanidosas."

No entendamos esa palabra como superficialidad. Sino como una invitación a cuidar.

A cuidar lo que hacemos.

A cuidar lo que vestimos.

A cuidar nuestra casa.

A cuidar nuestras manos.

A cuidar los pequeños detalles.

Porque muchas veces una blusa con un bordado pequeño, un botón cosido con dedicación o un regalo hecho por nuestras propias manos cambia completamente el significado de un objeto.

Lo pequeño transforma la vida.

7. Honramos los saberes que nos preceden

Reconocemos los saberes de nuestros ancestros.

Los oficios aprendidos de madres, abuelas, tías, vecinas y amigas.

Las recetas.

Los tejidos.

Las historias.

Todo aquello que ha llegado hasta nosotros porque alguien decidió compartirlo.

Nos reconocemos como un eslabón más dentro de esa cadena.

Aprendemos de quienes vinieron antes.

Y asumimos la responsabilidad de enseñar a quienes vendrán después.

8. Tejer es hacer memoria

Reconocemos a todas las comunidades que han encontrado en el tejido una forma de resistir al olvido. Heredamos de los costureros de memoria la certeza de que las manos pueden contar nuestra historia. Narrar los dolores y las esperanzas. Tenemos la certeza de que tejer es reunir, reconstruir y afianzar los hilos que nos unen.

Creemos que la memoria vive en los oficios, en los objetos que hacemos juntas.

En las historias que decidimos compartir. Tejemos para recordar a quienes estuvieron antes.

Para nombrar el presente que habitamos y para dejar memoria a quienes vendrán después.

9. Lo que queremos seguir tejiendo

Queremos seguir compartiendo.

Queremos seguir aprendiendo.

Queremos seguir enseñando.

Queremos seguir creando.

Queremos seguir escuchándonos.

Queremos seguir conociendo personas.

Queremos seguir formando amistades.

Queremos seguir descubriendo habilidades.

Queremos seguir haciendo de los pequeños detalles una forma de transformar la vida cotidiana.

Queremos que este siga siendo un espacio donde nadie tenga miedo de preguntar.

Donde nadie tenga miedo de equivocarse.

Donde nadie tenga miedo de enseñar lo que sabe.

Y donde todas las personas puedan encontrar, aunque sea por unas horas, un lugar para descansar el alma.

Hoy existen más de quince Costureros Literarios que se reúnen habitualmente en las Bibliotecas Comfama del Valle de Aburrá y más de una decena en otros municipios de Antioquia. Cada semana, alrededor de 350 personas se encuentran para leer, bordar y conversar.

Cada costurero tiene sus propios ritmos, sus tejidos, sus libros y sus historias. Pero algo las une: la certeza de que reunirse también es una forma de aprender a cuidarnos. Diez años después, aquellas primeras mujeres siguen encontrándose alrededor de una mesa. El bordado que comenzaron con hilos y agujas continúa creciendo cada jueves, puntada a puntada, palabra a palabra.

Por: Dora Elena Delgado Herreño, María Doris Lopera, Angela Bran, Margarita Agudelo, María Teresa Madrid, Gloria Amparo López Cadavid, Marta Luz Taborda Álvarez, Luz Damaris Correa, María Consuelo Patiño, Nora Cardona, Cristina Piedrahíta Monsalve, Lina María Sepúlveda Bedoya, María Rubelia Salazar Castaño, Amanda Arteaga, Edilma Román, María Ninfa Janschitz Castañeda, Yolanda Acosta Acosta, Gladys Astrid Díaz Parra, Carmen Muñoz Vasco, Hilda Bustamante, Blanca Tamayo, Marta Serna, María Elena López, Damaris Viviana Muñoz, Belky Nohemi Chávez, Mirian Dolores Aguilar Gallego, Dolly del Carmen Montoya Isaza, Oliva Bedoya Gutiérrez, Johnnatan Naranjo (Promotor de Lectura)