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Palabras Rodantes

Stefano: lo que no sabe quedarse atrás  

«Stefano» es el título 178 de Palabras Rodantes. Una novela de María Teresa Andruetto hecha de despedidas, travesías y preguntas que acompañan a quienes dejan atrás un lugar para intentar comenzar de nuevo. La historia de un muchacho que deja Italia para buscar otro destino en Argentina, quien descubre que migrar también es aprender a convivir con lo que permanece. En este artículo encontrarás algunas pistas de la historia, de la ficción autobiográfica y podrás escuchar a su autora contándonos cómo hay retazos de sus recuerdos personales en esta historia, pero sobre todo sus recuerdos transformados por la imaginación.

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Stefano: lo que no sabe quedarse atrás  
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El único dinero para el viaje proviene de la venta de una máquina de coser.

La vaca Berta se salva por poco.

Agnese, la madre, vestida de negro, se queda.

Stefano, que es apenas un muchacho, se despide.

Después está el puerto.

Génova.

Un barco gigante: El Syrio.

El mar color de plomo.

Agua por todos lados.

Así comienza Stefano, la novela de María Teresa Andruetto, con un inventario de las cosas que se quedan atrás. Un pueblo piamontés, una madre, unos amigos, una lengua, una pobreza que parece tener raíces que se hunden profundo debajo de la tierra. Stefano sube al barco rumbo a Argentina para desarraigar ese destino. 

El barco naufraga. Algunos nombres desaparecen en el agua. Después vienen Buenos Aires, el Hotel de Inmigrantes, la pampa, una chacra, Lina, el saxofón, Aldo Moretti, un circo que viaja hacia el sur, Tersa Williams. Stefano va cambiando de paisaje como quien cambia de camisa, aunque ninguna termina de quedarle. 

Y mientras avanza, el pasado se mete por las rendijas. 

Agnese aparece una y otra vez. Aparece la casa. Aparece el frío. Aparece la canción. Aparece aquello que no puede recuperarse. 

«Desde aquella mañana en que salí de mi casa, no había hecho otra cosa que andar», dice Stefano.  

Andar. 

Pero también huir. 

También buscar. 

También perder. 

La novela está hecha de pequeñas piezas que no terminan de encajar. Un saxofón comprado con esfuerzo. Una armónica. Un telegrama. Una puerta verde. Una mujer que pregunta si hay dónde estar. Una canción que vuelve cuando alguien muere. 

En algún momento Stefano comprende que ya no encontrará en la tierra «otro testimonio de su paso, más que lo que él llevaba adentro suyo». Entonces la migración deja de ser solamente un desplazamiento entre Italia y Argentina. Se vuelve preguntas: ¿qué queda en uno de los lugares que abandona? ¿Qué queda de uno cuando ya no es posible volver? 

Una novela hecha de restos 

Hay algo de Stefano que se parece a una fotografía encontrada muchos años después: no explica demasiado, pero conserva cierta temperatura. 

La propia Andruetto ha dicho que la novela nació ligada a la historia migratoria de su padre, pero que desde el comienzo Stefano se separó de la vida que lo inspiró. Es decir: hay algo verdadero allí, pero la verdad de la novela no consiste en repetir una biografía. 

La autora nos contó que lo autobiográfico aparece en sus libros como pequeñas partículas de lo vivido, escuchado o visto por ella que se incrustan en la ficción. Y esa palabra —partículas— resulta especialmente precisa para leer Stefano. Porque la memoria de una familia no entra completa en una novela. Entra por pedazos: una comida, una palabra, una canción, un modo de hablar, el nombre de un pueblo, una fotografía que alguien guarda entre la ropa. 

En Stefano, esas partículas terminan perteneciendo a otro. A un muchacho que no es el padre de Andruetto, aunque lleve parte de su sombra. A una historia que no es una historia familiar, aunque nazca de ella. A una ficción que puede decir algo verdadero precisamente porque dejó de ser un documento. 

Por eso la llamada autoficción no alcanza para explicar del todo lo que ocurre aquí. Hay autobiografía, sí, pero transformada por la imaginación, desplazada, mezclada con otras vidas. La autora no intenta ponerse en el centro. Le interesa que algo de su experiencia pueda alimentar la vida de otros. 

Como nos dijo: «no es mi propia vida lo que yo quiero contar».  

Tal vez por eso Stefano consigue que una historia de inmigración deje de ser solamente la historia de quienes cruzaron un océano. 

Porque mientras Stefano anda, nosotros empezamos a preguntarnos qué cosas hemos dejado atrás sin habernos movido. 

Escucha la entrevista completa aquí: De la ficción autobiográfica y Stefano

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Por: Santiago Velásquez Yepes

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Stefano

¿Qué queda de nosotros cuando dejamos atrás todo lo que creíamos ser? Encuentra aquí la novela completa.

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