Palabras Rodantes

¿Qué no puede faltar en un viaje? Poesía

 “Quiero ver el Fujiyama” es el título 177 de Palabras Rodantes. Una antología poética que también es mapa, equipaje y bitácora. Una forma de viajar, mirar, perderse, salir de uno mismo y disponerse al asombro. En este artículo encontrarás algunas pistas para elegir el destino del próximo viaje, qué lecturas llevar, qué hacer con todo lo que el viaje nos deja y cómo decodificar la poesía en carta de navegación. 

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¿Qué no puede faltar en un viaje? Poesía
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Ante el reto de volver al viaje sin más pretensiones que el goce, el disfrute del otro y lo otro, y del arrojo a lo desconocido, despojado de cargas sociales, la poesía es un puente para disponer el espíritu al descubrimiento, la contemplación, la relación íntima con el ahora.  

“La poesía es una forma de meditación, una de las vías para disolver el ego, para entrar con deleite al vacío que en verdad está vibrante” (Manuela Gómez Quijano). 

Viajar con poesía 

El título 177 de Palabras Rodantes, Quiero ver el Fujiyama, editado por Manuela Gómez Quijano nos regala algunas ideas para pensar en poesía, viaje y escritura. Aquí les contamos el detrás de cámaras del libro, que a su vez es una forma de viaje, una guía para viajar ligeros, para viajar con poesía, para liberarse del “yo”, para disponerse a lo que nos regale o se lleve el viaje. 

*Entrevistamos a Manuela Gómez, le preguntamos por el proceso editorial, y con sus respuestas les proponemos estas instrucciones para viajar con poesía. Ella es poeta y tallerista. Estudió Periodismo, Filosofía y Letras y cursó una maestría en Creación Literaria. Ha sido profesora universitaria, promotora cultural en bibliotecas públicas y cineclubes, y ha participado en diversos proyectos editoriales. Actualmente imparte el Taller de Poesía en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín. En cursiva encontrarás detalles del camino creativo y editorial de Manuela de “Quiero ver el Fujiyama”. 

1. ¿Cómo elegir el destino del viaje?

Debes confiar en la intuición, no hay otra opción. Antes del viaje se tiene una vaga idea del destino. Pero hay un llamado que se escucha en el interior que te lleva a tomar cierta decisión. No hay viaje ni lectura sin incertidumbre, de ahí que lo único cierto sea la transformación. Un poema te da una idea, y te lleva a otro. Una idea, una sensación, conversación, imagen, sonido, te llevan a un lugar, a un destino. “El camino se hace al andar” y en la poesía está el camino. *Las películas de carretera y la poesía de toda la vida fueron dos de los pilares que guiaron la intuición de Manuela como editora para iniciar a pensar en la antología de poemas de viaje de “Quiero ver el Fujiyama”. 

2. ¿Con cuáles poemas viajar?   

Bajo la misma premisa de la intuición, primero es debido acudir a la memoria, recordar a aquellos poetas que nos han marcado. Luego, buscar en la biblioteca propia. Repasar entre lomos aquellos títulos que cada vez que lees, te dicen algo diferente, que son inagotables.  

Y para llevar nuevos autores y viajar por nuevas ideas, ¿qué tal visitar otra biblioteca? Perderse entre anaqueles y voces desconocidas. 

*Manuela siempre lleva consigo la poesía de Mary Oliver y Walt Whitman. Con cierta frecuencia vuelve a Susana Villalba, Roberta Iannamico y Charles Bukowski. Y en su búsqueda por bibliotecas en la ciudad, en resistencia a que el algoritmo digital eligiera por ella, se encontró entre otros poetas, con Irene Gruss y Robin Myers. Poesía que se sale del canon, que evade el tono grandilocuente, poemas sencillos, líricos. 

3. ¿En qué momentos leer?  

Antes de iniciar el viaje, toma el libro Quiero ver el Fujiyama y lee los poemas de la primera estación “Ese ardor”, fija la mirada en el paisaje del viaje que se viene y déjate llevar por la secreta atracción de cada línea. En el camino, busca lo “que late a la intemperie”, encuentra asilo en la travesía: de la ciudad “por las ondas, por las ramas, por las calles” hacia tu destino. Usa la poesía como puente, “lleva al cielo del mar, al río con su selva”. Y justo cuando llegues a la punta, “dobla el sentido: el camino corre adentro”, haz de saber que pronto florecerá el jardín y verás el Fujiyama. 

* Un poema es como un rompecabezas, igual que la vida misma, igual que las decisiones para armar esta antología, igual que el ejercicio que hizo Alejandra Gómez Calle, la ilustradora de este título, para trazar este mapa imaginario basada en las palabras, títulos, versos y sensaciones de la lectura de este título. La línea del viaje se convierte así, como nos dicen los griegos, en una sucesión continua de puntos.

 La lectura de un poema se acentúa si recibes lo que está escrito como si fuera para ti. Es un pacto efímero, una especie de entrega; por minutos crees que el poeta te habla. (Manuela Gómez Quijano).

4 ¿Cómo registrar el viaje?  

La poesía además de ser compañía nos ayuda a registrar el tiempo, el paisaje, a guardar recuerdos como faros que guían la memoria del viaje. Nos ayuda a armar el rompecabezas de sensaciones, preguntas y divagaciones de los recorridos. 

Escribe y juega con el lenguaje. Toma notas al borde, en servilletas, en la libreta, en el celular. Registra el viaje sin pensar en un formato determinado. No necesariamente cada día o cada destino se convertirán en un episodio o en un texto. Las mismas líneas, dibujos y notas de ideas, temas, preguntas, colores y formas que se repitan en el viaje, pueden ser quienes agrupen y den sentido a cada sección.  

*La editora del título 177 usó varios recursos para el camino al Fujiyama, para jugar con el lector, para darle un cause a la selección de poemas de la antología. Cada sección tiene una introducción que refleja el ímpetu de cada capítulo y le habla al lector que también está en la búsqueda y el anhelo de la escritura. A su vez, tiene un título, que junto a los demás títulos de cada sección forman un poema. Las citas contenidas en los capítulos son como meandros del cause del río, que quieren ser como umbrales, el tránsito entre una temática y otra. “Los poemas son generosos”, dice Manuela, ella se entregó a la poesía y la llevó por estos caminos. El viaje también es entrega. 

“Justo en ese estar dispuestos y ligeros de lo aprendido, que Simone Weil llamó «humildad intelectual», esa capacidad para salir de nosotros mismos, es que se obra una transformación; porque llegas a lugares, metáforas y entendimientos difíciles de prever antes de salir de viaje, antes de escribir el poema” (Manuela Gómez Quijano).

*Las ilustraciones de este título y usadas en este artículo son de Alejandra Gómez Calle.

Por: Laura Cristina Castrillón Valencia

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Quiero ver el Fujiyama

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En la presentación del título 177 de Palabras Rodantes nos acompañaron Manuela Gómez Quijano (poeta y editora), Yenny León (poeta) y Paulina Tejada (moderadora). Disfruta de esta conversación y de una experiencia visual y sonora para poetizar el viaje.

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