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Más que un negocio es alimentar los corazones

Descubre la historia de Caseritos Vicky, una empresa familiar de Urabá que creció entre recetas, trabajo y nuevos sueños.

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Caseritos Vicky comenzó de una manera muy inesperada. Un día en que Nubia Victoria Agudelo Duque iba en bicicleta con su hermana por Apartadó y, en medio de una conversación sobre nuevas formas de generar ingresos, surgió la idea de preparar almuerzos en casa y venderlos. Al día siguiente, su hermana ya tenía dos personas esperando su comida.

Victoria no lo dudó, desde pequeña la cocina ha sido una forma de explorar su creatividad y hacer las cosas de una manera diferente, porque le gusta experimentar, probar nuevos sabores y buscar recetas que sorprendan, una curiosidad que también la lleva a explorar la diversidad de la gastronomía de Urabá. Desde niña disfrutaba preparar tortas de piña y cremas de distintos sabores, y esa misma pasión sigue presente en cada plato que prepara.

Entonces empezaron a preparar comida casera en el comedor de su propia casa. Poco a poco llegaron más personas, aumentaron los platos y tuvieron que buscar incluso otro espacio para atender a quienes quedaban encantados con su sazón. “Me acuerdo tanto de los primeros clientes porque los quiero mucho”, destaca Victoria.

Ese cariño se convirtió en una de las razones para seguir creciendo. En 2014, sus sobrinos propusieron hacer una natillera para vender almuerzos los domingos. La respuesta fue tan buena que cada puesto terminó ocupado. Tres años después, Pedro Humberto, esposo de Victoria, se sumó al proyecto tras quedarse sin trabajo. Sin embargo, su experiencia como administrador ayudó a darle una nueva estructura al negocio.

Juntos pudieron invertir en herramientas como estufas industriales, mejorar el servicio y vincular a sus primeros tres empleados de manera formal. Lo que había empezado en un comedor de casa comenzaba a tomar forma de empresa.

La confianza compartida en cada plato

Con el paso del tiempo llegaron nuevos retos como el acompañamiento de organizaciones y entidades como la Fundación Universidad de Antioquia que los llevó a reconocer la importancia de formalizar su negocio y cumplir con los requisitos necesarios para seguir avanzando.

La formalización también les abrió nuevas oportunidades por los procesos de manipulación de alimentos, las condiciones de higiene, seguridad y SST los llevaron a fortalecer su manera de trabajar y cuidar cada detalle. Así fueron cumpliendo con las condiciones necesarias para consolidarse como empresa y ganar la confianza de nuevos clientes y organizaciones como Banaexport, Cámara de Comercio de Urabá y Corporación Sin Límites.

Un camino que aún parece un sueño

A comienzos de este año, después de mucho trabajo y de fortalecer cada vez más su empresa, llegó una llamada que marcó una nueva etapa para Caseritos Vicky, la posibilidad de convertirse en proveedores de Comfama. Esta oportunidad les abre la posibilidad de llevar su comida a niños y niñas de alrededor de 5 años en instituciones educativas de Carepa y Nueva Colonia, llegando también a veredas como Punto Rojo, San Pablo y Puerto Girón.

Para Victoria y Pedro, aunque cada recorrido implica caminos destapados y llegar hasta lugares de difícil acceso, saben que al final del transcurso está aquello que realmente los mueve: "No es solamente el contrato como tal, de que estamos trabajando. Es más una satisfacción de llegar a ver a todos los niños contentos”.

Así, la alimentación se convierte también en una forma de acompañar a las comunidades y de construir vínculos con quienes esperan su llegada. Además, esta experiencia como proveedores de la Caja también les permite fortalecer su economía, ganar visibilidad y seguir construyendo credibilidad en el mercado. “Para nosotros es un privilegio y un orgullo. El hecho de ser proveedores significa que han visto en nosotros un crecimiento y que cumplimos los requisitos”, comenta Victoria.

Una empresa que se construye en familia

Caseritos Vicky sigue teniendo la esencia con la que nació: una familia trabajando junta. Victoria junto a su esposo comparten este camino con su hijo, sus hermanas, su sobrino y su yerno, quienes desde diferentes roles aportan al negocio. Cada uno pone sus conocimientos y talentos al mismo propósito de seguir construyendo juntos.

Ahora sueñan con fortalecer su planta en Apartadó, llegar a más personas y continuar creando oportunidades para las comunidades y su familia. “Caseritos Vicky es sentirse como en casa al disfrutar de un plato casero”, narra Victoria.