Lucelly y Dorelis convivieron durante años con un dolor que les impedía llevar una vida tranquila. Lo que comenzó como molestias persistentes terminó revelando diagnósticos complejos que requerían algo más que buena voluntad médica: exigían precisión, coordinación y un equipo capaz de asumir riesgos con respaldo técnico.
Lucelly Mosquera, de 39 años, madre de dos hijas y residente en Carepa, pasó años buscando respuestas. Una primera cirugía, realizada bajo un diagnóstico equivocado, reveló finalmente la causa: endometriosis grado IV con compromiso de varios órganos. En Medellín le advirtieron que la intervención era de alta complejidad y que requería un equipo interdisciplinario que no estaba disponible en ese momento. Regresó a casa con tratamiento hormonal, pero el dolor persistía. “Me había vuelto una persona con limitaciones físicas; todo me generaba dolor”, recuerda.
Cuando llegó a la Clínica Panamericana, el abordaje fue distinto. Su caso fue evaluado de manera conjunta por ginecología oncológica y cirugía oncológica, especialidades que trabajan articuladamente en la institución para asumir procedimientos de alta complejidad. Se revisaron imágenes, antecedentes quirúrgicos y riesgos anestésicos antes de definir la intervención. La cirugía exigió precisión milimétrica para preservar órganos comprometidos y evitar complicaciones mayores. Para Lucelly fue un antes y un después: “esa maleta desapareció de mi espalda”, dice al recordar el momento en que recuperó movilidad y calidad de vida.
En Apartadó, Dorelis Sierra, de 44 años y madre de dos hijos, atravesó un camino similar. Durante años convivió con dolor pélvico constante. “Yo ya me daba por vencida”, admite. En la Clínica Panamericana, una valoración integral permitió identificar una endometriosis avanzada que no había sido diagnosticada con claridad. El proceso fue coordinado: citas priorizadas, junta médica interdisciplinaria y una cirugía oncológica exitosa. Más allá del procedimiento, Dorelis destaca el acompañamiento permanente del equipo. “Ellos caminaron conmigo”, afirma.
Ambos casos reflejan una capacidad instalada que hoy marca la diferencia en Urabá. En 2025, la Clínica Panamericana ha atendido 292.617 pacientes y realizado 2.851 sesiones de quimioterapia, consolidando una oferta oncológica de alta complejidad en la región. Esto no solo reduce desplazamientos hacia Medellín, sino que fortalece la atención especializada cerca del entorno familiar y de apoyo de cada paciente.
Cuidamos los más importante: la salud de las familias del Urabá Antioqueño
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En un territorio que crece y enfrenta desafíos, garantizar atención oncológica especializada es una apuesta por la dignidad y la permanencia. Aquí, la alta complejidad no depende de una sola especialidad, sino de la coordinación entre equipos clínicos, áreas de apoyo y familias que sostienen el proceso. Cuando ese engranaje funciona, los casos más exigentes pueden resolverse con oportunidad y cercanía, permitiendo que las personas reciban atención especializada sin tener que viajar largas distancias.

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