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Una red de mujeres que trabaja por una Urabá más equitativa

La historia de dos lideresas revela cómo el programa Mujeres Líderes impulsa, desde lo colectivo, la transformación del liderazgo femenino en el territorio y demuestra que, cuando las mujeres se acompañan, juntas hacen más.

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Antes de que Luz Stella Rincón llegara a la universidad, nadie en su familia lo había hecho. No había diplomas colgados en casa ni certezas sobre para qué servía estudiar tantos años. Aprendió a moverse sola: trabajar de día, estudiar de noche, caminar largas distancias cuando el dinero para el bus no alcanzaba. Convertirse en la única profesional de su hogar significó avanzar sin mapa y con una presión silenciosa: no tenía margen para fallar.

Hace seis años, cuando renunció a su trabajo en Postobón y creó su propia empresa en San Pedro de Urabá, volvió a sentirlo. “Como mujer, uno toca muchas puertas y casi ninguna se abre”, dice. Emprender implicó demostrar, una y otra vez, que sabía lo que hacía. “La gente repetía: ‘eso no es para cualquiera, es muy duro, no creo que puedas’”. Sin embargo, con la guía de su exjefe, organizó procesos, aprendió de leyes y de contabilidad. Liderar, en su caso, fue asumirlo todo.

Esa sensación de avanzar con más obstáculos de los visibles no fue solo suya. Lily Marcela Orjuela, hoy coordinadora de Bienestar Social en Banafrut, lo confirma: “En Urabá es complejo que las mujeres lideren, sobre todo porque los cargos de decisión siguen siendo mayoritariamente masculinos. No siempre es porque falten capacidades, sino porque sobran dudas ajenas”, asegura.

En Mujeres Líderes, esa experiencia dejó de vivirse en silencio. En este programa de formación que impulsa el liderazgo femenino en las empresas, ambas encontraron algo que no habían tenido antes: lenguaje, red y espejo. “Me topé con una comunidad de mujeres que lucha por cerrar brechas en el territorio”, cuenta Lily. Lo que parecía una dificultad individual empezó a revelarse como una barrera compartida.

Para Luz Stella, el programa marcó un después similar. La mentoría y la sororidad le permitieron sostener su liderazgo con más seguridad. “Aprendí a creer en mis capacidades y entendí que no estaba sola, porque juntas hacemos más”.

En Urabá se han realizado tres cohortes del programa, que han acompañado a 90 mujeres con énfasis en la prevención y atención de violencias basadas en género. Han tejido redes y ampliado su presencia en espacios de decisión. En un territorio donde liderar sigue siendo un desafío, ese tejido no es simbólico: sostiene procesos, cuidado y futuro.

Luz Stella y Lily no son excepciones. Son parte de una red de mujeres que aprendió, en la práctica, que el liderazgo no se sostiene en solitario. Cuando las mujeres lideran en contextos donde nada está garantizado, lo hacen acompañadas: por otras mujeres, por empresas dispuestas a cambiar y por alianzas que confían en lo colectivo. Es en ese tejido, hecho de confianza, cooperación y cuidado, donde el liderazgo femenino se afirma.

  • Cerca de 700 mujeres han sido parte del programa en cinco cohortes en Medellín y tres en Urabá.

  • Durante 2025, el programa acompañó a 64 mujeres de 19 empresas en Urabá.