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"En un mundo de extremos, matizar es abrazar la complejidad": David Escobar en el discurso de la Asamblea 72

"En un mundo de extremos, matizar es abrazar la complejidad": David Escobar en el discurso de la Asamblea 72
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En la Asamblea de afiliados de la gestión de Comfama del año 2024, nuestro director David Escobar Arango nos invitó a reconocer los matices, a celebrarlos y a perseguirlos. A continuación, la transcripción de su discurso:

Un saludo muy especial a mis compañeros de viaje en esta cruzada, al Foro de Estrategia y Liderazgo de Comfama, siguiendo con la familia a la comunidad de idealistas, que es el nombre poético que le damos a todos los empleados; a los proveedores, a las entidades con las construimos conjuntamente este viaje. Al Consejo Directivo de Comfama, a Juan Rafael, mi querido jefe, y a Jorge y Jairo, los vicepresidentes; a las empresas presentes que tenemos en línea y en presencial. Tenemos en línea a Bancolombia, nuestro mayor aportante, a EPM también, nuestro segundo mayor aportante; tan bonito eso, una empresa pública y una privada juntas, jalonando a 123.000 empresarios más de Antioquia para hacer parte de Comfama. Y, por último, a los medios de comunicación aquí presentes.

«Vivimos tiempos contradictorios en los que nos abruman con datos catastróficos, pero a la vez nos reclaman confianza, en realidad se nos pide esperanza…». Irene Vallejo.

Estas palabras en la asamblea anual de Comfama se han vuelto, al menos para mí, una oportunidad para el balance y la reflexión, un espacio para compartir nuestras ideas, preguntas e ilusiones, primero con nuestro Consejo Directivo, que representa a los fundadores de esta institución, empresarios sucesores de la ANDI de 1954 y sindicalistas herederos del legado de la UTC y la UTRAN de la misma época; también con nuestra comunidad de idealistas, una forma cariñosa de referirnos a empleados, proveedores y aliados: y finalmente con las familias antioqueñas, que trabajan para construir valor social y, al mismo tiempo, progresar en lo material, cultural, educativo y espiritual.

Este discurso que me corresponde rutinariamente, para complementar el informe en el que se comparten los proyectos, cifras y demás realizaciones de esta organización maravillosa, hilo clave del tejido social antioqueño y colombiano, es todo para mí menos rutina. Es, al contrario, parte de un ritual, de una celebración, un momento para el reconocimiento y la gratitud, un instante liminal en el cual se dice adiós al año 2024 con sus afugias y sus milagros y se recibe el año 2025 con sus posibilidades y sus azares. Se acaba la etapa de los primeros 70 años de Comfama y comienzan, ¿por qué no decirlo?… los siguientes 70.

Procuro siempre, en este espacio, eludir las conocidas gratitudes y evitar el acostumbrado autobombo. Prefiero el camino de contar qué nos cuestiona y qué nos inspira. Como verán, las organizaciones hechas para perdurar vuelven, indefectiblemente, a sus propósitos fundacionales, a sus buenos viejos hábitos.

Hace dos años compartíamos, por esta época, la idea de que es estúpido creer que el mundo se va a acabar. El mundo siempre se está acercando a su final. El acabose es una idea que nos resta fuerza y agencia, nos cercena las ganas de ser y de hacer. El fin (aparente) del mundo, del país o de las empresas es apenas el principio de otro mundo, otro país y otras empresas.

Hace un año, en este mismo teatro, que lleva el nombre del director fundador de Comfama, Alfonso Restrepo Moreno, les proponíamos salir de la tirana actualidad, evadir la coyuntura, dejar de pensar en meses, en trimestres o en años. Les sugerimos que la única manera de construir un país grande y digno, de hacer empresa o promover transformaciones sociales es pensar en décadas. Solo al alzar la mirada podremos hacer mejor la tarea diaria que tenemos entre manos, es una bella paradoja.

Este año, 2025, año 71 de Comfama, 206 de la República, 50 para nuestras bibliotecas, que celebramos abiertamente, y año X para uno de ustedes, hemos decidido hablar de algo que cada vez es más difícil de ver en nuestro entorno regional y nacional. Queremos hablar de matices, de matizar, de ver el detalle, de buscar los pequeños rasgos que nos hacen reales. Hablemos de ver las sutiles diferencias y las también sutiles afinidades entre nosotros. Ante el extremismo, el antídoto no es irnos al otro extremo sino matizar, encontrar un punto medio, construir un puente que recoja lo valioso y construya acuerdos posibles.

Fue la ex ministra de Cultura de Colombia, Paula Moreno, quien me habló del artículo de Darren Walker, presidente de la Fundación Ford, de 2019, En defensa del matiz, y me puso a pensar desde esta perspectiva. Cito: "Esta es la era del clima extremo y la desigualdad extrema. La era de los grupos de odio extremos, el nacionalismo extremo y el populismo extremo en todo el mundo. La lista continúa”. Y, mientras tanto, señalaba, "El matiz y la complejidad no se encuentran por ninguna parte. Y nuestros desafíos extremos siguen extremadamente irresolutos”.

En un momento de "polarización", de blanco y negro, de azul y rojo, de anti woke o de woke, de empresarios y anti empresarios, de anti sistema y pro sistema, queremos proponer una actitud de "puente", quizás compleja, no siempre popular, pero que creemos es sabia para el momento en cuestión. Comfama, una caja de compensación, la primera, bien puede darse el lujo, como una tía setentona, de llamar la atención, de opinar en contracorriente y de invitar a los antioqueños, a los colombianos, a ponerle cuidado a los matices, a celebrarlos y a perseguirlos.

En Comfama somos, al fin y al cabo, como diría Mariano Sigman, el neurocientífico argentino que nos acompañó, entre otras personas, a celebrar nuestro aniversario el año pasado, "grises de alta confianza", esos personajes e instituciones atípicos, un poco dubitativos, que ven los buenos argumentos de lado y lado, que consideran que hay que hablar de los temas que más duelen y que son, esa es su mayor magia, esenciales para llegar a acuerdos razonables.

Allí puede estar la clave para romper el nudo que nos ata. En los matices puede estar el fundamento del progreso de nuestras próximas décadas. En la capacidad para ver lo más sutil y sacarlo de la invisibilidad puede estar la fórmula para la paz y la llave para el futuro.

¿Y qué es un matiz? Un matiz es esa sutil diferencia que existe entre dos tonos aparentemente similares. Es reconocer que entre el blanco y el negro no solo existe el gris, sino una infinita gama de tonalidades. Quien ve el matiz tiene la capacidad de superar las categorías binarias que nos impone el mundo moderno, con sus algoritmos y sus titulares sensacionalistas.

En un mundo que premia la simplificación extrema, el matiz representa la valentía de abrazar la complejidad. Es resistirse a la tentación de reducir personas, ideas y realidades a etiquetas simples. Es la humildad de reconocer que la realidad humana, social y económica no cabe en compartimentos ni en respuestas inmediatas. El matiz nos recuerda que el mundo no es blanco y negro sino un arcoíris colorido. Algunos se sienten inseguros al matizar porque creen ser infieles a sus más profundas creencias, pero, al contrario, matizar libera y amplia nuestra perspectiva del mundo y las personas.

Es precisamente en instituciones como Comfama y las cajas donde debemos ser más capaces de matizar. Dice Walker: "En las salas de juntas de empresas y museos, en comités y campus —y en todos los lugares intermedios— la búsqueda de un terreno común ha sido reemplazada por un retiro a nuestros rincones. En lugar de construir puentes y relaciones basadas en la comprensión mutua o el respeto compartido, esta postura de oposición, adversa al matiz, recompensa la pureza ideológica y la vergüenza pública, las mismas cosas que hacen fracasar las relaciones de trabajo sólidas e incentivan a las personas a aferrarse a sus viejas convicciones”.

Las cajas somos, por definición, un tercer lugar, que no es la casa ni el trabajo o el colegio, somos el espacio donde nos podemos encontrar… para construir y, ¿por qué no?, ¡para matizar!

Los matices sirven para construir puentes donde otros ven abismos. Sirven para humanizar al que consideramos adversario y para encontrar terreno común en medio de las diferencias. En un país como Colombia, con heridas históricas tan profundas, los matices no son un lujo intelectual sino una necesidad vital.

Los matices nos permiten proponer soluciones razonables y viables. Nos invitan a reconocer la legitimidad parcial de posiciones contrarias, a escuchar activamente y a alejarnos del peligroso territorio de la autocomplacencia y la certeza absoluta.

Hay una iniciativa de Kofi Annan, el ex secretario general de las Naciones Unidas, que bien podría tener sentido para la Colombia del 2025. En ella se inspira, de alguna manera, Liderario, un programa que creamos en conjunto con varias instituciones de la región. Se llama "Extremely Together", "Extremadamente juntos", en la que se pone a conversar y a tejer soluciones a jóvenes líderes, tan diversos como el mundo mismo, con el fin de combatir el extremismo no con más extremismo, sino con conversaciones difíciles diseñadas para ver mejor los matices, porque en ellos podría estar la esquiva coincidencia.

El ejercicio de observar con atención los matices sirve para encontrar los valores comunes a todas las personas. ¿Quién no quiere la equidad, quién no defiende el cuidado? En Colombia tenemos montones de asuntos cuya solución no provendrá del extremo que destruye, pero tampoco del que defiende el pasado a rajatabla...

Por ejemplo, en cuanto al sistema de salud, la polarización nos lleva a declararlo un absoluto fracaso o un éxito rotundo. La realidad, sin embargo, es más compleja: ha funcionado mejor para unos, medianamente para otros y muy precariamente para la Colombia rural y marginada. Reconocer estos matices nos permitiría trabajar en soluciones diferenciadas, no en demoliciones totales o defensas acríticas. Hemos trabajado poco en sistemas de salud biculturales en la Colombia indígena o en sistemas de salud con un mecanismo de financiación distinto en un país rural y disperso.

En educación, aunque tiene razón Morin en que se educa para "aprender a vivir", habría que matizar diciendo que también se educa para aprender a trabajar, siendo el trabajo fuente de riqueza social, realización personal y, desde luego, progreso material.

En economía, mientras libertarios de derecha y activistas anti establecimiento de izquierda discuten sobre el papel de la empresa y del Estado, nosotros proponemos superar la falsa dicotomía. Se necesitan empresas responsables y sostenibles, generadoras de empleo y riqueza. Y se necesita un Estado eficiente, que garantice derechos y equilibre desigualdades. Estado y empresa no son enemigos, son complementarios.

En los asuntos de diversidad, frente el anti wokismo, el paso siguiente no sería ni puramente reivindicatorio ni tampoco aferrado a la tradición, sino el reconocimiento, simple y contundente, de que cada persona es increíble y tiene derecho a ejercer su ciudadanía plena, más allá de las etiquetas.

En el desarrollo rural, solo con matices podremos avanzar en la construcción de una clase media que proteja este país absurdamente biodiverso. Necesitamos pensar en desarrollo agrícola regenerativo y sostenible, que cuide la tierra mientras genera prosperidad para el campesino y el empresario. No se trata de industrializar el campo a cualquier costo ni tampoco de mantenerlo en un estado romántico de atraso. Es difícil matizar, es cierto, pero el desafío intelectual, técnico, político y social bien puede valer la pena.

En Colombia, el país de los Andes tropicales, el Pacífico, la Sierra Nevada y la mejor conservada Amazonía, el cuidado de la naturaleza es fundamental, pero al mismo tiempo somos una nación que necesita desarrollo social y económico urgente. ¿Seremos capaces de encontrar ese balance, de saber dónde y cómo podemos obtener la riqueza de la Tierra para el bien común y qué lugares, sagrados como santuarios, deberán permanecer libres de actividad extractiva?

En cada uno de estos capítulos y en otros... está Comfama, aportando su granito de arena, con persistente humildad y optimismo posibilista.

En salud haciendo desde el territorio, el hogar y el barrio las verdaderas trasformaciones de la salud primaria para casi 2 millones de antioqueños, de la mano de Sura EPS. En educación creamos Cosmo y transformamos CESDE, que suman más de 100 mil estudiantes, y ahora estamos preparando una pequeña revolución en el aprendizaje de inglés para el trabajo. En economía colaboramos con los gobiernos para el desarrollo humano y trabajamos con empresas para expandir el movimiento de capitalismo consciente “a la colombiana”.

En DEI damos ejemplo de activismo amoroso y de aplicación de ciencias del comportamiento con Mujeres líderes y el programa de nuevas masculinidades, para dar solo dos ejemplos. En desarrollo rural lideramos la plataforma Agro y el proyecto de Biosuroeste. En medio ambiente, estamos cuidando nuestros parques como Bosques, visitados por más de 350 especies de aves, bajo el enfoque de una nueva salud (OMS) que comparten ecosistemas y personas.

Nos vemos como un laboratorio para la Colombia posible, para demostrar que empresas, organizaciones sociales, comunidades y gobiernos no solo podemos, sino que debemos trabajar conjuntamente.

"Por supuesto, incluso la necesidad de matices no carece de sus propios matices", dice Walker en el texto que inspira estas palabras. "Algunos casos son tan moralmente odiosos y corruptos que no admiten ningún matiz”.

No podemos admitir la corrupción en medida alguna. No hay matiz posible para la violencia, venga de donde venga. No hay lugar para matizar el odio y la discriminación. No podemos matizar cuando se trata de impedir la destrucción irreversible de nuestros más valiosos ecosistemas.

En estos y otros temas debemos ser claros, contundentes, inequívocos. Matiz no es sinónimo de tibieza o relativismo moral. Savater fue quien escribió que uno puede respetar a todas las personas sin respetar todas las ideas ni todas las acciones. Hay ideas tontas que uno debe poder criticar y actos inadmisibles ante los cuales la única respuesta sería el veto social, la ley y la autoridad.

Nuestra institución, desde su nacimiento hace 71 años, ha sido un ejercicio permanente de matices. Nacimos del diálogo entre empresarios y trabajadores, entre capital y trabajo, entre progreso material y bienestar social. No somos ni puramente públicos ni exclusivamente privados. No somos ni caridad asistencialista ni negocio lucrativo. Somos orgullosamente "grises" como dice Sigman. O mejor aún, magenta, diríamos nosotros para hablar de un color radiante que en sí mismo es una mezcla, es diverso. Tenemos un valor alto, en ese sentido somos indispensables.

En 2024, al celebrar los 70 años de esta institución entrañable, cualquiera de los asistentes, virtuales y presenciales a esta asamblea, que pudiese haber presenciado una de las reuniones de nuestro consejo directivo, paritario, al tener cinco trabajadores y cinco empresarios, habría visto la persistencia y la belleza que tiene un puente construido con el amor y la sensatez como cimientos y estribos. En nuestras reuniones hay diferencias, pero no conflicto; hay disenso, pero no destrucción.

Si van este domingo a uno de nuestros parques verán que "parece un Comfama", lleno de gente diversa disfrutando, gozando del ocio que es salud mental. Somos un "tercer lugar" donde las familias antioqueñas pueden comprobar que otra manera de vivir juntos es posible. Donde el afiliado no es cliente ni beneficiario, sino ciudadano con derechos y responsabilidades.

El año pasado algunos, de un extremo cuya importancia no desconocemos, nos tildaron de ser pro empresa. Lo somos, es la confianza de las empresas y su éxito lo que nos da la vida. Otros, de un sector cuyo valor admitimos, nos regañaron por trabajar en algunos asuntos con el gobierno de turno y por ver matices positivos en sus propuestas de reforma. Y lo seguiremos haciendo. Si quisieran ver los matices sabrían que somos la más social de las empresas y la más empresarial de las fundaciones. Somos capitalistas conscientes.

Comparto algunos de ejemplos: prestamos dinero a interés y generamos impacto social con sostenibilidad financiera, prestamos servicios de educación y salud con rentabilidad y profundo respeto por la vida y la dignidad humana, y apoyamos a las empresas ayudándoles a encontrar su mejor versión, respetuosa de la dignidad humana y del planeta Tierra. Somos promotores de la movilidad social ascendente, sin dobleces. Aceptamos las consecuencias de estas posturas, con orgullo y humildad. Los buenos puentes sufren tensiones, pero por ello no dejan de prestar su servicio.

Recordemos, como dijo la naturalista Jane Goodall, igualmente invitada a celebrar el evento central de nuestro aniversario número 70, que no hay nada tan contagioso como la esperanza.

Los líderes como ustedes tienen un papel fundamental. Los ancestros, el círculo social y las redes de intereses nos impulsan a irnos a nuestra esquina, como en el boxeo. Pero los extremos son improductivos en el corto plazo y contraproducentes en el largo.

La invitación de hoy es a comprender que matizar no es tibieza ni indecisión. Es, por el contrario, un acto de coraje intelectual y moral en tiempos que premian la simplificación y el extremismo. Es resistirse a la tentación de reducir la complejidad del mundo a eslóganes y enemigos convenientes.

En este 2025, invitamos a todos los sectores de la sociedad antioqueña a fortalecer esa mirada, a buscar los matices. A los empresarios, a ver más allá del trimestre y del balance. A los trabajadores, a reconocer el valor de la empresa sostenible. A los jóvenes, a cuestionar sin destruir. A los mayores, a preservar lo esencial sin anquilosarse. A los activistas y organizaciones sociales a cruzar el puente (literal y metafórico) para liderar conjuntamente con los empresarios el cambio que queremos ver en el mundo. A todos, a ver más allá de nuestra burbuja.

Es en ese espacio "asustador" y brumoso donde las categorías rígidas se diluyen, donde lo blanco y lo negro revelan sus infinitas tonalidades intermedias, allí está la posibilidad de un país que sane sus heridas y construya sobre la riqueza de su diversidad. Allá está el porvenir, no en "mis ideas" o "mis convicciones" sino en las nuestras, en lo nuestro.

Ese es nuestro compromiso en este año 71 de esta organización. Ser lo que siempre fuimos, sin pena, sin miedo, sin agresividad, una organización para encontrarse, para construir, para cuidar, para progresar. Seremos hoy y mañana lo que hemos sido desde hace tantos años, un puente futurista, una conspiración para juntar a los diferentes. Desde ese lugar podremos afirmar, como en el verso de Rumi:

"Más allá del bien y del mal hay un campo. Allí te esperaré".

Aquí los esperaremos. Mil gracias…