Los círculos de palabra del Festival Vibra Urabá fueron la consolidación de una visión diversa de historia ancestral, territorial, culinaria, artística, comunitaria y agrícola que nos enseñó cientos de datos curiosos, reflexiones e inspiraciones para las comunidades, la región y nuestra vida cotidiana.
Aquí te contamos los que más nos llamaron la atención de cada espacio de conversación y encuentro para que revivas la experiencia, recuerdes los mejores temas y compartas tus propios aprendizajes.
Círculo de palabra 1
Del monte al plato: Relatos del plátano y el banano en Urabá
Recorrimos la historia y el valor cultural de estos ingredientes, destacando su papel cultural.
¿Sabías que, en un principio, los plátanos y los bananos no eran verdes y amarillos? Antes tenían pepas, pelos y colores oscuros. Estas variedades todavía las podemos encontrar en las zonas rurales. Lo que nos enseña la historia de la comida es que la domesticación agrícola, la modificación genética y la comercialización masiva han modificado la apariencia de los alimentos.
Hay un dicho popular que dice “el plátano camina solo” porque un tallo de plátano solo da 1 racimo de plátano una vez en la vida y hay que cortarlo para que crezca su hijo, para el que suelta la semilla a sus pies. Un tallo se demora 9 meses en estar listo y cuando vuelves a mirar el campo, parece que todos los tallos dieron un pacito a un lado.
Apenas hace 41 años se exportó el plátano por primera vez. Fueron 2700 cajas, desde Colombia hacia Estados Unidos. ¡Hoy se exportan más de 60.000 miles de cajas semanales desde el Urabá! En un proceso que mantiene las raíces tradicionales, pero que se ha tecnificado por el beneficio del ecosistema y del mercado nacional.
Según las normas y la tradición ancestral, en las plataneras no se usan químicos sino plantas, árboles y flores que ayudan a conservar la biodiversidad, protegen las fuentes hídricas y funcionan como barrera natural para cuidar las matas de plátano.
Las propiedades nutritivas del plátano y el banano dependen del estadio de maduración, por la medición del azúcar que se hace colorimétricamente y con el gusto de quien evalúa. El banano contiene potasio y fibra, importante para hacer deporte. También nos ayuda a ser más felices pues ayuda a liberar químicos “de la felicidad” en el cerebro, como la dopamina, la oxitocina, la serotonina y las endorfinas.
Los habitantes de Urabá dicen que el plátano les da “cañaña” (fuerza, energía, valor) y que es la razón por la que la región produce tantos y tan buenos deportistas, criados a punta de plátano. Entender las variedades y riquezas genéticas de los alimentos también es entendernos culturalmente.

Círculo de palabra 2
Son + movimiento: Cuerpos que construyen comunidad
Exploramos cómo arte y deporte se entrelazan como herramientas de transformación social.
Hablar de arte y deporte en la región de Urabá es hablar de lo que somos y de dónde venimos. A través de ambas disciplinas es que se transforman las comunidades, la cultura, los proyectos de vida y la dignidad de las personas.
Gracias al trabajo duro, independiente y de resistencia es que ahora podemos afirmar que del arte y de la cultura sí se vive. Y se vive dignamente. Los líderes sociales y culturales afirman eso dándole cuerpo, demostración y veracidad a los programas sociales y las representaciones artísticas y deportivas que son referente para las nuevas generaciones.
Los urabaenses han transformado la violencia que todavía podemos tener en nuestro imaginario y la han transformado en arte, en baile, en cultura y en tejido social. Porque cuando hablamos de oportunidad, tenemos que hablar de identidad y para eso es muy importante la memoria.
El reto es poner esa gastronomía artística en la mesa, dar un plato con ‘turmequé’ porque viene de barrio y sabe a gloria. Muchos dicen que lo están haciendo con las uñas, pero ellos responden que es "con las uñas limpias".

Círculo de palabra 3
Afrocolombianidad y territorio: una mirada a Urabá
Exploramos el valor del territorio para las comunidades afrocolombianas, sus cosmovisiones, prácticas y desafíos de Urabá.
Una diáspora africana es la pertenencia de un grupo, comunidad o región al continente africano o a uno de sus países, a la vez que se pertenece a otra parte del mundo por nacimiento y crianza. Los miembros de las diásporas pertenecen a África sin nacer allí porque son el resultado de la dispersión de grupos humanos que abandonaron su lugar de origen, luego del proceso de colonización y esclavización. Es por esto que comparten elementos de sus fenotipos físicos, su lenguaje, su gastronomía, su estética y su cultura.
Sin embargo, contrario a lo que podríamos creer, la historia de la colonización, esclavización y ancestralidad no está en la conversación actual en África. Los jóvenes no han configurado su identidad con la conciencia histórica. Es por esto que hay una necesidad de puente cultural entre África y Latinoamérica porque no hay conciencia recíproca de la historia y realidades de los ancestros y los descendientes.
Por su parte, en Colombia y Latinoamérica, apenas estamos reconociendo la herencia africana en muchísimas de nuestras palabras, ritmos musicales, instrumentos, platos y estéticas que ahora tienen una nueva identidad única construida entre latinos y afros. Esto porque pertenecer a la diáspora no te quita la pertenencia al territorio e identidad colombiana, urabaense y apartadoseño. Las identidades se nutren unas con otras, los territorios de hoy también nos pertenecen.
Viajar entre el territorio ancestral y el territorio heredado es una buena manera de reconocer nuestra identidad mixta y única. Hay retorno identitario y reparación cuando volvemos, cuando habitamos y cuando vibramos juntos.

Círculo de palabra 4
Cocina y conservación
Dos cocineras expertas en técnicas tradicionales compartieron sus experiencias.
Si hay algo que las cocineras ancestrales del Urabá tienen claro es que con la comida conservamos nuestra identidad, cultura y ancestralidad. En cada ingrediente, receta, técnica y emplatado encontramos pedazos de nuestra historia.
La cocina ancestral es muy diferente de la cocina moderna porque los sabores y las técnicas son herencia directa de una época en la que no existían los conservantes, saborizantes, colorantes y ultraprocesados en los ingredientes de las preparaciones. Con la cocina ancestral recordamos a qué saben realmente los recursos naturales de nuestro territorio, cómo se ven sus colores, a qué huelen sus aromas y de qué manera alimentan nuestro cuerpo.
Esta cocina ancestral no está escrita en los libros, recetarios o enciclopedias. Es transmitida de generación en generación, practicada en la cotidianidad, con manos comunitarias y corazones dispuestos a recibir lo que se puede ofrecer en la medida de las posibilidades. La cocina ancestral tiene creatividad, recursividad, inventiva e interés por el bienestar común. Es un conocimiento que habita en la memoria de quien lo vive, las manos de quienes lo preparan y las bocas de quienes lo prueban.
Es por esto que la cocina ancestral, de la mano de todo lo que compone la cultura de los ancestros, debe ser conservada, preservada y promovida desde las comunidades, pero también desde las instituciones y la opinión pública. Los eventos de ciudad, los programas sociales, el turismo responsable y las redes sociales son plataformas perfectas para impulsar esta cultura.
Por otro lado, la conservación de la cultura ancestral viene acompañada de la pedagogía y conservación del territorio, de su naturaleza, sus animales, sus plantas medicinales y especias. Para reivindicar el pasado con la conciencia del presente y el sueño del futuro. En Puerto Girón, por ejemplo, se respetan y conservan las especies protegidas gracias a las políticas públicas, los proyectos comunitarios y la movilización social.
Es importante que las nuevas generaciones crezcan ligadas a su identidad ancestral culinaria, porque la comida es comunidad, pertenencia, agradecimiento y lazos familiares y comunitarios. Que sepan que los alimentos naturales dan vitalidad, salud, fuerza y bienestar y que las ancestras, las cocineras, las mujeres deben ser reconocidas y valoradas en las comunidades porque son quienes las alimentan y cuidan todos los días.

Círculo de palabra 5
A fuego lento: cocinas del encuentro y la transformación
Conocimos cómo la migración transformó sabores y territorios.
Solamente se ama, se cuida y se disfruta lo que se conoce
En Colombia debemos empezar a conocer a fondo nuestras cocinas para poder amarlas. Y decimos cocinas en plural porque al ser un país tan diverso, pluriétnico y multicultural, no hay una sola definición de cocina que logre unificar todas las manifestaciones culinarias colombianas. En nuestro país, la cocina de cada rincón, de cada pueblo y de cada vereda es única, amplia y sabrosa; y cada una se da conocer en su cotidianidad, en los platos que se comen día a día.
También debemos entender que la cocina popular no es vergonzosa ni debe ocultarse detrás de platos extranjeros para aspirar a la grandeza, es lo que somos. Es el amor, el cuidado y la consideración familiar y comunitaria que nos ha mantenido vivos por miles de años. Y ahora estamos aprendiendo a amarla gracias a las personas que están dedicando a ella sus oficios, profesiones y negocios.
Las cocinas colombianas están compuestas por tres cocinas principales: la indígena o nativa, la española o europea y, la más influyente, la africana; y más tarde llegó la siria-libanesa. Gracias a los procesos de colonización y migración durante la historia, Colombia ha sido el vértice de muchas culturas y así hemos forjado nuestra gastronomía.
Se fueron integrando desde la época de la colonia en las cocinas de las haciendas, en las minas, en los monasterios y en los conventos, y se expandieron por todo el país. Los lugares relacionados con la comida han sido más que sólo lugares físicos, son lugares de encuentro y conversación porque nadie cocina sin hablar con otros. Así es como se intercambian los ingredientes, las recetas y las técnicas que componen nuestras costumbres.
La mesa es un elemento integrador, es donde se sientan las personas a compartir el alimento, pero también donde se conversan, se conocen, se ayudan y se acompañan las personas. Por su parte, las plazas de mercado son un reflejo representativo de la identidad culinaria de un lugar. Los lugares donde compramos la comida, donde la preparamos y donde la consumimos son mucho más que un lugar físico. Son un símbolo transcendente y transformador.
Las olas de migración nos enriquecen mucho más, especialmente en los municipios urabaenses que son territorios de tránsito y puente hacia otros lugares. Muchos de los productos traídos de África llegaron por primera vez a nuestro país escondidos por las personas esclavizadas. La geografía, el clima y la historia migratoria también le dan forma a la identidad gastronómica de una región.
Por último, ahora sabemos que la identidad culinaria del Urabá es tan diversa que se puede viajar gastronómicamente a varios lugares del país en un mismo día. Por la mañana, sabe a la sabana, a suero, a plátano y a queso. En la tarde, sabe a montaña, a arroz, fríjoles, guiso y carne cocida. En la noche, sabe a mar, arroz de coco, pescado y patacones. Entonces, ¿podemos resumir a qué sabe el Urabá? Sabe a la humildad del sabanero, al empuje y berraquera del antioqueño y a la alegría y el sabor del negro caribeño. Urabá es el maridaje único entre muchas culturas, platos, sabores, olores y colores.

Círculo de palabra 6
Sonidos cruzados: bullerengue y picó en la identidad de Urabá
Exploramos cómo estas músicas, desde lo ancestral y lo urbano, construyen identidad.
La música que escuchamos construye nuestra identidad
El Urabá antioqueño es una región puente entre muchas culturas, costumbres y tradiciones, entre ellas la mezcla única de géneros musicales. En Apartadó, corazón de la región, encontramos ritmos ancestrales, cimarrones, campesinos, tradicionales y modernos que componen la sinfonía que narra la identidad sonora del territorio.
El bullerengue es un género musical y danza tradicional originario de la región Caribe colombiana y de la provincia de Darién, Panamá, específicamente de comunidades afrodescendientes. Se dio a partir de los rituales realizados en el palenque de San Basilio y se ha mantenido a lo largo de la historia. Es una expresión cultural que combina canto, música de tambores y danza, y ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.
El bullerengue tiene sus orígenes en las comunidades cimarronas (afrodescendientes fugitivos) que habitaban la región. Se compone de tres aires principales: el fandango de lengua, la chalupa y el bullerengue sentao. La música se interpreta con tambores artesanales, cantos y bailes. La danza suele ser interpretada por mujeres, con movimientos circulares y faldas amplias, mientras que los hombres tocan los tambores y cantan.
Tradicionalmente, se utiliza en diversas celebraciones y rituales, incluyendo fiestas patronales y ceremonias relacionadas con la pubertad y la fertilidad. "Bullerengue" o "bullarengue" significa "pollerón" que se refiere a una falda larga y amplia, especialmente una usada para danzas folclóricas o para montar a caballo. Es un ritual ancestral que habla sobre los jóvenes, sus relaciones, sus sentimientos y sus perspectivas sobre el mundo.
Por su parte, un picó es un equipo de sonido integrado por seis o más parlantes de 18", de considerable tamaño que va creciendo a la par de los invitados al evento. Es una suerte de discoteca ambulante que congrega multitudes en las calles de barrios populares de la costa colombiana donde jóvenes y adultos bailan hasta el cansancio a ritmo de champeta y otros géneros musicales. El comandante de la noche es el dueño del Picó, a quien llaman picotero.
La palabra picó es la adaptación colombiana de la palabra inglesa pick up que significa recoger o levantar. Cada picó tiene un nombre que lo distingue del resto y que lo hace transcender en la memoria de la opinión pública, junto con una identidad sonora, gráfica y musical única que lo representa en los barrios, ciudades y las redes sociales.
El picó es un digno representante de la cultura popular costeña, pues representa la estética, la filosofía hedonista y el goce de una hermosa y orgullosa cultura. El picó en sí es una muestra de esa construcción cultural y de esa manifestación cultural que identifica a los costeños y caribeños y los mantiene en la historia como agentes constructores de cultura. Hoy una de las máximas manifestaciones de la cultura popular y juvenil de esta zona del país.

Los círculos de palabra son círculos de cultura
Con todos los aprendizajes anteriores vemos que cuando nos sentamos a escucharnos, entendernos, valorarnos y acompañarnos alrededor de nuestra historia, aprendemos mucho más sobre nuestras comunidades, sobre nuestro territorio y sobre nosotros mismos. Es importante reconocer nuestra herencia cultural para entender y seguir construyendo nuestra identidad. Así vibramos juntos.



