El punto de partida no era inventar una cápsula, un artefacto similar a una cámara de descanso, ni ofrecer una solución tecnológica, sino responder una pregunta sobre un problema en movilidad. Tras 18 meses analizando accidentes de transporte, identificaron un patrón: jornadas extensas, poco descanso y niveles de fatiga que afectaban la capacidad de reacción. Decidieron profundizar en el estudio del sueño y la recuperación, apoyándose en evidencia científica y desarrollos propios.
De ese proceso, que no fue inmediato, nació KamaraQ. Implicó más de dos años de pruebas, ajustes y decisiones técnicas. Optaron por fabricar en Colombia, asumir el costo de iterar y buscar respaldo experto. En el camino se sumó el doctor Jorge Reynolds, ingeniero electrónico e investigador colombiano reconocido por sus aportes al desarrollo del primer marcapasos externo con electrodos internos en Latinoamérica, quien aportó su experiencia en el estudio de frecuencias y sonido. El proyecto tomó forma como una cápsula que combina estímulos de luz, sonido y aromas con tecnologías orientadas a favorecer estados de descanso profundo. No prometía soluciones milagrosas; planteaba una hipótesis que debía probarse.

Durante años tocaron puertas sin encontrar quién asumiera el riesgo de acompañarlos. En 2024 llegaron a Comfama. La decisión no fue automática. El equipo de Desarrollo de Negocios Salud y el grupo científico revisaron la evidencia disponible, los riesgos y la viabilidad operativa. La pregunta no era si la idea sonaba bien, sino si valía la pena ponerla a prueba.
En 2025 comenzó un piloto de seis meses. Se proyectaban 120 sesiones, pero la alta demanda llevó a ampliarlo (participaron 542 personas). Mediante instrumentos de percepción aplicados antes y después de la experiencia, una proporción relevante de usuarios reportó mejoras en calidad de sueño, claridad mental y reducción de ansiedad. El piloto también permitió ajustar tiempos, protocolos y perfiles de usuario. Innovar no fue lanzar; fue medir, aprender y corregir.
Tras esa fase, la iniciativa pasó en 2026 a operación anual y comenzó a proyectarse hacia el segmento empresarial. KamaraQ se integró al modelo de innovación abierta que Comfama impulsa a través de Ventures, en el que cada proyecto atraviesa revisión técnica, validación financiera y pruebas en campo antes de escalar.
Esta historia no trata solo de una cápsula de descanso. Trata de lo que ocurre cuando una organización crea condiciones reales para probar una idea, evaluarla con rigor y decidir con evidencia.
Sin ese piloto, KamaraQ habría seguido siendo una hipótesis. Con él, se convirtió en una apuesta sostenida. Ahí está el valor de la innovación abierta que impulsa Comfama: abrir puertas, asumir riesgos con criterio y acompañar a empresas emergentes de Antioquia para que crezcan y se consoliden. Ese trabajo consistente es el que ahora sitúa a Comfama en el primer puesto del ranking 100 Open Startups 2025 en Colombia.



