Hay recorridos que no comienzan con un plan definido, sino con una intuición que cuesta explicar. A veces, una caminata cualquiera termina frente a una puerta familiar; un saludo se convierte en conversación y la rutina, por un momento, deja de pesar.
Así llegó Martha Consuelo Gutiérrez a la sede barrial de Comfama en La Floresta, después de que una amiga le hablara de este espacio. Vive en el sector y suele caminar hasta el parque para observar la vida del barrio. Aunque estuvo afiliada durante su vida laboral, llevaba tiempo sin acercarse a la Caja. Vive sola y, como ella misma reconoce, hubo momentos en los que el silencio se volvió costumbre y la rutina pesada.
Ese primer acercamiento fue apenas un gesto. Sin embargo, volvió. Se matriculó en clases de gimnasia cerebral y en actividades para personas mayores, y empezó a salir con un propósito distinto. Poco a poco, el lugar dejó de ser una sede y se convirtió en punto de encuentro, lo que tuvo efectos visibles en el bienestar físico y emocional de Martha.
En ese proceso, Martha empezó a sentirse parte de algo. Luisa Fernanda Llano y Andrés Duque, asesores de servicios, la reconocen como una usuaria cercana y afectuosa. Con ellos, Martha no solo realiza trámites; encuentra escucha y conversación. «Uno se siente bien atendido, querido, y eso es muy importante, sobre todo cuando uno ya tiene muchos años», dice.

Este programa de desarrollo territorial está fundamentado en el poder de la unión, que funciona a través de alianzas con líderes sociales, instituciones, entes municipales y organizaciones comunitarias.
Antes de abrir sus puertas, distintos equipos de Comfama recorrieron el barrio, conversaron con vecinos y observaron sus ritmos para entender qué hacía falta y cómo integrarse sin alterar su dinámica. De ese trabajo nació la sede barrial La Floresta: más que un punto de atención, un espacio abierto donde la educación, la lectura y los talleres se mezclan con la vida cotidiana. Ahora forma parte de una red con 13 sedes barriales en los últimos años, una apuesta por ampliar la cercanía y acompañar a más de 1,5 millones de personas cada mes.
90.000 personas al año son atendidas a través de una programación móvil que, en complemento con nuestras infraestructuras, acerca servicios financieros, de educación, empleo, cultura y ocio a los territorios. La clave es llegar a donde las personas están.

En La Floresta, los servicios son una excusa para el encuentro. Las conversaciones se alargan, los nombres se recuerdan y el barrio entra y sale con naturalidad. En ese tejido diario, Martha encontró una red cercana que transformó su rutina y amplió su bienestar. Una experiencia que comparten muchas personas y familias que hacen de estas sedes una manera colectiva de estar cerca.

