El escritor y podcaster Jorge Caraballo se sienta a conversar con dos líderes que, desde lugares distintos, han decidido poner el cuidado en el centro de sus decisiones: Ricardo Restrepo, fundador de Urbania Café, y Catalina Cock, cofundadora de la Fundación Mi Sangre.
Desde el mundo empresarial y desde el trabajo social y cultural, ambos comparten una convicción común: liderar hoy implica hacerse preguntas más profundas sobre el impacto de nuestras decisiones en las personas, en las organizaciones y en la sociedad.
Sus historias muestran que sostener lo humano no es una idea abstracta, sino una práctica cotidiana que se expresa en cómo se construyen relaciones, cómo se toman decisiones y cómo se entiende el propósito de una organización.
Cuando la empresa decide actuar con bondad
Ricardo Restrepo, fundador de Urbania Café, comparte cómo su camino empresarial lo llevó a replantear la forma tradicional de medir el éxito. Después de años en el mundo corporativo, decidió construir una empresa que no se midiera únicamente por sus resultados financieros, sino también por su impacto en las personas y en los territorios.
En su conversación aparece una idea sencilla pero poderosa: la bondad como criterio empresarial. Para Ricardo, hacer empresa también implica preguntarse cómo cada decisión puede generar bienestar real en quienes hacen parte de la cadena: desde los productores hasta los equipos de trabajo.
Desde esa mirada, Urbania ha apostado por prácticas concretas: pagar mejor a los productores, construir relaciones de confianza y abrir espacios de conversación entre emprendedores, como Taza Abierta, para hablar de algo que pocas veces se aborda en el mundo empresarial: la salud mental del emprendedor y la posibilidad de mostrarse vulnerable.
Su historia recuerda que las empresas también pueden ser lugares donde se cultiva el sentido de pertenencia y donde hacer las cosas bien, incluso en lo cotidiano, puede convertirse en una forma de hacer el bien.
Liderar poniendo la vida en el centro
Catalina Cock, cofundadora de Fundación Mi Sangre, lleva años trabajando en la formación de liderazgos capaces de transformar realidades complejas desde la confianza, la empatía y la acción colectiva.
En esta conversación comparte una reflexión que atraviesa su trabajo: no todo lo que crece florece. En un mundo que suele medir el éxito por expansión, escala o velocidad, Catalina propone recuperar algo que muchas veces se pierde en las organizaciones: la pausa.
Pausar para escuchar, para reconocer emociones, para cuidar relaciones y para recordar que los equipos, como organismos vivos, necesitan espacios de reflexión para transformarse.
Desde su experiencia, liderar también significa tejer relaciones, acompañar procesos y reconocer que todos podemos ser agentes de cambio, incluso en contextos marcados por la incertidumbre o la violencia.
Su mirada invita a redefinir el éxito organizacional: no solo como crecimiento, sino como la capacidad de poner la vida en el centro y construir culturas donde las personas puedan florecer.




