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Movilidad social, pobreza y productividad: un llamado a la acción desde las empresas

En Antioquia, hablar de pobreza ya no es solo una conversación sobre ingresos. Es una conversación sobre trayectorias, sobre cómo las personas acceden o no a oportunidades reales de desarrollo.

Movilidad social, pobreza y productividad: un llamado a la acción desde las empresas
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De eso se trata la movilidad social: la posibilidad de que alguien cambie sus condiciones de vida y acceda, por ejemplo, a una vivienda digna, a un empleo estable o a una alimentación suficiente. Hoy, ese camino está lleno de obstáculos invisibles que no se resuelven solo con cifras macroeconómicas positivas.

Durante este espacio de conversación contamos con la participación de Mónica Ospina, directora del programa Medellín Cómo Vamos, y Dora Cecilia Gutiérrez Hernández, exgerente del programa Maná, quienes desde sus trayectorias profesionales compartieron miradas profundamente humanas sobre los desafíos de la pobreza en Antioquia. Ambas coincidieron en que abordar la pobreza requiere un enfoque territorial, sensible a las desigualdades de origen, y que la clave está en generar entornos de cuidado que posibiliten decisiones transformadoras en las personas.

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), para 2023 el 26,3% de los hogares antioqueños vivían en situación de pobreza monetaria, y cerca del 9% en pobreza extrema. Medellín presenta una aparente mejora, con un 5% en pobreza extrema, pero con retrocesos alarmantes en calidad de vida, especialmente tras la pandemia del COVID-19. La ciudad enfrenta crecientes barreras estructurales en salud, vivienda y educación, lo que ha impactado directamente la movilidad social.

Más preocupante aún es la inseguridad alimentaria. Hoy, por primera vez en la historia reciente del departamento, hay más personas con inseguridad alimentaria que personas pobres por ingreso. De acuerdo con el Informe de Seguridad Alimentaria de FAO (2023) y datos locales complementarios del DANE, el 26% de la población en Antioquia no puede acceder a las tres comidas al día, en gran medida porque el precio de los alimentos ha crecido por encima del promedio de la inflación.

El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM), desarrollado por el DANE y basado en la metodología de Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI), permite ver una realidad más compleja: personas que, aunque reciben un salario, enfrentan barreras persistentes de acceso a servicios básicos, educación, salud o trabajo formal. Esta pobreza silenciosa pero profunda también se aloja dentro de las empresas.

Los líderes empresariales rara vez reconocen que, entre sus propios colaboradores, puede haber personas atrapadas en esta pobreza estructural. Estamos llamados a comprender la relación entre pobreza y productividad. Desde Gerencia Social Comfama se viene insistiendo en la necesidad de que las empresas reconozcan la vulnerabilidad como una condición latente. Incluso cuando una persona no está técnicamente en pobreza, puede estar a un paso de caer en ella ante cualquier crisis: una enfermedad, una pérdida del empleo o un desastre natural.

Frente a esto, las empresas tienen una oportunidad estratégica: invertir en el bienestar de sus colaboradores no solo como un acto de responsabilidad social, sino como una apuesta por la sostenibilidad y rentabilidad de sus negocios. Acompañar al trabajador en sus trayectorias de vida, reconocer sus contextos y diseñar rutas de apoyo articuladas con instituciones como Comfama es una forma concreta de movilizar la economía de los hogares y, con ello, impulsar el crecimiento de la clase media.

La pobreza y la inseguridad alimentaria no afectan a todos por igual. Las mujeres, especialmente aquellas que son cabeza de hogar, enfrentan mayores niveles de exclusión. De hecho, las cifras muestran que las mujeres tienen una mayor prevalencia de inseguridad alimentaria que los hombres en Antioquia, situación que agrava su vulnerabilidad y la de sus hijos.

Asimismo, Medellín tiene hoy menos niños, pero más niños pobres: el 66% de la infancia de los estratos 1 y 2 se encuentra en situación de pobreza, lo que compromete la promesa del futuro. A esto se suma una realidad social que reclama atención: la situación de la población migrante, los jóvenes sin oportunidades sostenidas de empleo, y las personas mayores (la llamada “población silver”) que aún tienen mucho por aportar, pero se enfrentan a condiciones laborales precarias o a la invisibilidad social.

La movilidad social ascendente requiere más que políticas públicas: necesita redes humanas y comunitarias. Acceder a crédito, tener respaldo en momentos difíciles, poder confiar en una institución son factores fundamentales. En ese sentido, entidades como Comfama actúan como redes de apoyo para mitigar la pobreza multidimensional, a través de programas de educación, empleabilidad, cultura, salud, vivienda y crédito.

Pero también requiere que las empresas desarrollen capacidades internas para acompañar a sus colaboradores: desde el diagnóstico de sus realidades hasta la articulación con programas externos, visibilizar y acompañar las rutas que ya existen en algunas entidades públicas y en las mismas organizaciones. Hoy más que nunca, hablar de pobreza es hablar del futuro de nuestras empresas, nuestras ciudades y nuestras vidas. Movilizar la economía de los hogares, diseñar estrategias de apoyo integrales y promover una movilidad social real es tarea de todos, porque crecer como sociedad empieza por no dejar a nadie atrás.


En este contexto, Ruta Progreso se consolida como una estrategia que va más allá de los beneficios asistenciales tradicionales, al enfocarse en el desarrollo integral de las personas. A través de mentorías personalizadas, el programa acompaña a trabajadores y sus familias en la construcción de hábitos sostenibles en torno al ahorro, la salud y el bienestar emocional, abriendo oportunidades reales de movilidad social. Su valor radica en que reconoce las aspiraciones de cada participante y las traduce en planes concretos, posibles y medibles. Así, no solo se fortalece el tejido humano de las organizaciones, sino que también se amplifica el impacto social de las empresas comprometidas con el progreso de su gente.

Para profundizar, te recomendamos consultar el más reciente Informe de Calidad de Vida de Medellín Cómo Vamos, el Boletín Técnico de Pobreza Multidimensional del DANE, y los informes de Seguridad Alimentaria de la FAO. Estos documentos permiten comprender, con datos actualizados y análisis rigurosos, cómo se configuran las trayectorias de exclusión en el departamento y por qué es necesario un abordaje integral.

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