Logo Comfama
Ayuda
Parques y juego

Volver a jugar: risa, conexión y bienestar

Estudios muestran que jugar libera endorfinas y reduce el cortisol, la hormona del estrés. Los adultos que se permiten jugar tienen más herramientas para ver los problemas desde otra perspectiva y adaptarse pensando en su bienestar. 

Volver a jugar: risa, conexión y bienestar
Te demoras 0 minutos leyendo esta noticia

Jugar no es un lujo, es una necesidad humana. Nos mueve el cuerpo, nos suelta la risa, nos agudiza los sentidos. Nos conecta. Cuando jugamos en una plaza, en el parque, en la sala de la casa, se activan la creatividad, la imaginación, las habilidades blandas y los vínculos. 

Jugar es mucho más que pasar el tiempo. Es una herramienta para crecer, imaginar, resistir y sanar. Nos lo recuerda la ciencia, pero sobre todo la vida cotidiana, cuando nos damos el permiso de bajar la velocidad y compartir un rato de juego. 

En nuestro Primer Congreso del Juego en el Parque Comfama Rionegro, aprendimos que jugar es más que diversión:

El juego es salud
Según el Ministerio de Salud Pública de Paraguay, jugar activa estructuras cerebrales, potencia habilidades cognitivas y emocionales, y reduce los niveles de estrés. “Es una forma de aprender estrategias sociales, de comprender el mundo y de encontrar calma en medio del caos”, afirman sus expertos. 

Y si el cuerpo se mueve, mejor: juegos como saltar, correr o bailar ayudan a cumplir con los minutos diarios de actividad física que recomiendan organismos internacionales como la OMS. Al jugar, liberamos endorfinas, reducimos el riesgo de enfermedades crónicas y hasta dormimos mejor. 

Conoce un poco más con este contenido

El juego como refugio emocional

Unicef también insiste: en los primeros años de vida, el juego fortalece la salud mental. Ayuda a los niños a entender sus emociones, a procesar situaciones difíciles y a construir confianza. En momentos de angustia, el juego puede ser un refugio: un espacio seguro donde transformar el miedo en historia. 

Sin embargo, el juego no distingue edades: para los adultos también es un bálsamo. Despojarse de la rutina, reír, inventar y moverse es recargar el espíritu y recordar lo esencial. Solo jugando renacemos la curiosidad, la espontaneidad, el asombro. Como apunta la pedagogía: jugar es celebrar la vida y que el cerebro siga activo, tal como un músculo que no quiere atrofiarse. 

¿Y si jugamos?

Por eso, en Comfama, nuestras sedes y parques están siempre abiertos al juego. Son lugares donde el cuerpo se mueve, la mente se expande y los lazos se fortalecen. Espacios para construir, imaginar y explorar; no solo para niñas y niños, también para personas adultas que, como aprendimos en el Primer Congreso del Juego, necesitamos volver a jugar para nutrir nuestra creatividad, fortalecer la salud emocional y reconectar con los otros.

Porque ahí, entre risas y diversión, el juego no es solo una actividad: es una forma de estar juntos, de sanar, de vivir. Cas Holman, diseñadora de juegos, nos dice que “el mundo es mejor cuando jugamos, porque nosotros somos mejores cuando jugamos”. 

¿El mundo es mejor cuando jugamos?