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Entrevista a Dolores Reyes

Dolores Reyes: "Lo que es callado y silenciado aflora en la literatura"

Escritora argentina autora de las novelas Cometierra (2019) y Miseria (2023).

Dolores Reyes: "Lo que es callado y silenciado aflora en la literatura"
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Dolores Reyes nació en 1978 al oeste de la provincia de Bs As, donde vive, ejerce la docencia y escribe. Estudió Profesorado de Enseñanza Primaria en el Colegio Normal 10 y Griego y Culturas Clásicas con Victoria Juliá y Leandro Pinkler en la UBA. Su primera novela Cometierra fue publicada en 2019 en Argentina y España por Editorial Sigilo. Esta obra, que lleva quince traducciones, fue finalista del Premio de novela Fundación Medifé-Filba, finalista del Premio Memorial Silverio Cañada, finalista del Premio Mario Vargas Llosa y finalista del Premio Nacional de novela Sara Gallardo.

Trabajó en el proyecto Untold Microcosms, para el British Museum de Londres y el Hay Festival, con su texto “El nombre de los árboles” (publicación en septiembre 2022 por Anagrama y Charco Press). Su segunda novela Miseria salió en abril de 2023 por Alfaguara para Argentina y Colombia y en mayo para Uruguay, España, Perú y Estados Unidos. Se está traduciendo al portugués, al francés y ya ha sido publicada en Noruega por la editorial Camino Forlag. En la actualidad está trabajando en un libro de cuentos y en la que será su tercera novela.

¿En qué momento de tu vida te enamoraste de los libros?

Bueno, me acuerdo perfectamente que me enamoré en lo que es el Jardín de infantes en Argentina, que acá quizá le digan Kínder. Era muy chica, 4 o 5 años, y me encantaba que me leyeran historias. Era prácticamente algo mágico, que abrieran un libro, y me acuerdo el instante preciso en el que una maestra abrió un libro y empezó a contar y dije, "Wow, a mí esto me encanta". Me acuerdo de hacer como un esfuerzo enorme, ya era un poco más grande, 5 años, para empezar a tratar de decodificar cómo lo hacían y aprender a leer.

Los libros que me enamoraron en esa época, eran libros como Yo soy yo, literatura para niños pequeños, pero después fui creciendo y también, en la primaria, me acuerdo de Las aventuras de Tom Sawyer, y de Mujercitas, por supuesto, que es un clásico de siempre. También me enamoraron muchos libros de aventura como Viaje al centro de la Tierra, Los viajes de Gulliver y adaptaciones de Moby Dick, que después, más grande, claro que leí la original.

Me acuerdo que cuando era chica prefería muchas veces, en vez de ir a jugar por ahí a la esquina con los chicos del barrio, quedarme con un libro leyendo sola. Y me acuerdo de uno en particular que era Yo soy yo, que lo vi en una librería y me quedé parada hasta que no me compraran ese libro: "Yo vuelvo con este libro a casa o no me muevo".

Luego, en la escuela secundaria, llegó la escritura. Cuanto yo tenía 13, 14, 15 años leíamos muchísimo realismo mágico. Mis profesoras de secundaria eran enamoradas de García Márquez, leíamos mucho y, a la vez, empezamos con ejercicios de escritura que yo más adelante retomé, ejercicios disparadores para hacer pequeños cuentos. Y también me gustaba muchísimo, lo disfrutaba un montón. De hecho hacía mis cuentos y terminaba haciendo los cuentos de amigos y compañeros que no les gustaba escribir; escribía dos o tres cuentos por consignas.

¿De dónde surge tu inspiración para escribir? ¿Para qué escribe Dolores Reyes?

Me cuesta pensarlo como inspiración, como algo que baja del cielo.

Yo siento que es algo mucho más terrenal y que los temas que por ahí me perturban y me atormentan, que tienen que ver con nuestra sociedad y con sus problemáticas más latentes, son los que se me vienen muy adentro de los relatos a la hora de sentarme a escribir.

Pienso en Cometierra y es esa necesidad terrible de aunar memoria, justicia y violencia hacia el cuerpo de las mujeres. Cometierra es una suerte de vidente que busca chicas desaparecidas, entonces en nuestras sociedades latinoamericanas eso está tan presente que yo siento que es algo que me moviliza en la vida real y en la ficción.

Dejamos una huella en la tierra que habitamos y por eso hay una vidente, una buscadora, que si nos pasa algo nos puede rastrear y también ayudar a los seres queridos que nos buscan; algo que también me motiva y moviliza un montón, eso de las asociaciones de madres y de familias buscadoras, tan presente en México, Colombia, Argentina, Venezuela, Chile, tan latinoamericano porque se repite y se repite en toda América Latina.

He leído libros de las madres de Soacha, libros gráficos o con fotos de mujeres abrazando la tierra en donde están sus hijos, buscándolos todavía. Los textos eran tan emocionantes que también me ha pasado que lloré leyéndolos porque es esa sensibilidad con la que conecto y de donde salen mis personajes.

El tema de los desaparecidos suele estar muy negado por los gobiernos, por los estados, justamente porque incomodan, porque echan luz a algo que ellos tratan de que quede en la oscuridad y que no se sepa. De hecho, las luchas porque se reconozcan los desaparecidos en Argentina, lo que pasó con los falsos positivos en Colombia, lo que está pasando actualmente en México, es impresionante. Hace un puñadito de días nada más, organizaciones de buscadoras y buscadores encontraron una fosa común con tres crematorios adentro con restos que pertenecían, se estima, a 400 jóvenes, que habían sido citados ahí con falsas citas de promesas laborales; un lugar espantoso de reclutamiento, crueldad y descarte de seres humanos por el crimen organizado.

Muy terrible, pero a la hora de hacer ficción yo siento que esos temas se me vienen adentro muy naturalmente porque lo que nos moviliza, nos problematiza y lo que es callado y silenciado, aflora en la literatura.

¿Cuál es tu método de trabajo? ¿Escribes con una estructura previa o simplemente dejas fluir palabras?

Mi método de trabajo es tener una disciplina. Me levanto muy temprano, cuatro o seis de la mañana, y me obligo a escribir un par de horas por día antes de hacer cualquier otra cosa, antes de desayunar, antes de hacerme un café; eso me sirve muchísimo, porque siento que me meto en un universo que también es muy onírico, muy pegado al sueño.

Pensemos que en las dos novelas hay un personaje que vive en sueños que es la señora, la maestra, y siento que conecto con todo ese universo onírico entre vida y muerte, entre lucidez y visiones; en ese momento del día me sirve un montón escribir, cuando todos duermen, cuando la ciudad está oscura, reflexiono un montón de cosas que están operando adentro de mis personajes.

Y el tema de la disciplina, porque si no uno siempre tiene diez millones de cosas para hacer antes que ponerse a escribir, cosas que resolver y que la vida te exige, pero me obligo a escribir porque es mi pasión, lo que más me gusta hacer.

¿Qué consejos les darías a escritores nacientes para perfeccionar y alentar su oficio?

Como consejo principal que lean muchísimo. Colombia es un semillero de narradores, es impresionante la cantidad de escritura que va desde García Márquez, Caicedo, Marvel Moreno, Emma Reyes, hay infinidad de escritores descomunales, entonces tienen ahí un legado que es muy fuerte para aprovechar y leer. Uno a la hora de escribir pone en juego todas sus experiencias, pero no solo las experiencias vividas directamente, sino toda esa experiencia simbólica que te llega a través de la literatura, el arte, el cine, y nutrir eso me parece fundamental.