Durante la versión 2024 de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín, la Casa de la Imaginación de Comfama abrió un espacio que fue más que una casita: fue un puente hacia el futuro, un lugar para escuchar voces, sentidos, deseos y sueños de paz escritos por personas que aceptaron una invitación: imaginar un futuro en paz. Allí, dentro de ese pequeño refugio de papel y tinta, 148 cartas se llenaron de emoción, ternura y esperanza. Muchas estaban dirigidas a la familia, otras a amigos, vecinos e, incluso, a los propios autores de esas palabras. Cada carta fue un gesto de confianza, una apuesta por la palabra como herramienta para imaginar y construir colectivamente un futuro en paz.
Aprendizajes que nos dejó este ejercicio:
La paz empieza por la imaginación: Las cartas nos revelaron que imaginar un futuro en paz no es un ejercicio abstracto, sino un acto íntimo y cotidiano: imaginar cómo sería la vida con más afectos, con menos miedo, con mayor comprensión. Los escritos propusieron que la paz no solo se alcanza con grandes acuerdos, sino con gestos pequeños y humanos que empiezan en los vínculos cotidianos.
La palabra es un puente entre mundos: Así como Comfama entiende la cultura como aquello que somos, lo que hemos construido y lo que anhelamos ser como sociedad, en estas cartas vimos cómo las palabras pueden abrir diálogos, sanar heridas e intencionar nuevos comienzos.
Conversar con el futuro no es descuidar el presente, sino transformarlo: Cada carta fue una conversación con alguien querido: padres, hijos, amigos, vecinos… incluso con su yo del futuro. Este acto nos recuerda que pensar en paz no es evadir los desafíos de hoy, sino reconocerlos como terreno fértil para nuevos significados y acciones colectivas.
La belleza está en lo cotidiano: Las cartas nos dejan una gran lección: podemos encontrar belleza y bondad en los pequeños detalles de cada día. Y son esos gestos cotidianos de cuidado, respeto y amor los que, desde ahora, pueden sembrar semillas para una paz duradera.

Miradas que nos acompañarán:
Quienes nos acercamos a leer estas cartas encontramos historias que nos conmovieron y enseñaron. Historias que hablan de reconciliación familiar, de abrazos que todavía esperan ser dados, de amistades que curan, de vecinos que sueñan con juntarse para transformar su territorio, de jóvenes que le escriben a su yo del mañana para contarle cómo hicieron de sus días espacios de paz.
Este ejercicio nos reafirman cosas en las que creemos profundamente: comunicar no es solo informar, es poner algo en común; es abrir puentes para aprender, imaginar y construir juntos. Y que la paz es un asunto cotidiano que nos interpela a todos.
Agradecemos a todas las personas que compartieron sus cartas, sus voces y sus mundos posibles. Nos inspiran a seguir sembrando espacios de conversación, reflexión y creación, convencidos de que la paz se escribe día a día, con palabras que abrazan y gestos que transforman.
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