Jero y la cuarentena: las emociones contadas por un niño

Jero y la cuarentena: las emociones contadas por un niño
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Jerónimo es un niño feliz y lleno de energía. Sabe contar hasta 100 y dibujar muy bonito. Tiene 6 años y por las tardes va a al colegio, un lugar donde su profe y sus amigos lo tratan muy bien.

Aunque vive en Medellín con Mamá, la abuela y su tío, el lugar que más le gusta en el mundo es Dabeiba, el pueblo de su papá, donde hace calor como en el desierto, y habitan vacas, pollitos y potros.

Jero es un niño cariñoso, le encanta abrazar y jugar. Ayuda con las tareas de la casa, organiza sus juguetes y casi siempre le hace caso a Mamá. Pero todo cambió cuando, de un momento a otro, llegaron al mundo unas cosas chiquititas, en forma de sol, que lo podían enfermar. Entonces Jero tuvo que dejar de ir al colegio, a Dabeiba y a la casa de sus amigos a jugar.

Jero empezó a pasar más tiempo con la abuela, su tío y su mamá. Las clases pasaron a ser por la mañana, y a través de la pantalla del computador. La profe contó que ese tiempo especial tiene nombre: cuarentena, y sirve para cuidarse de esas cosas chiquititas, que se llaman virus.

Pasaron las semanas y Jero se dio cuenta de que el virus y la cuarentena no vinieron solos. Llegaron a acompañarlos un grupo de emociones que afectaban su energía y, cuando algunas de ellas aparecían, hacían que las cosas no terminaran bien.

Por culpa de esas emociones, Jero hace cosas que antes no hacía, como gritar mucho, desvelarse, comer más dulce de la cuenta y herir a su familia con las palabras. Incluso, algunas de esas emociones lo hacen pelear con Mamá.

Un día, en clase, la profe habló de la importancia de reconocer las emociones, que sienten todos los humanos del mundo. Mencionó la alegría, la rabia y la tristeza. Como a Jero le encanta pintar, tomó un papel y dibujó cada una de las emociones que llegaron con la cuarentena.

La rabia aparece cuando debe madrugar a clase virtual, pero prefiere ir al colegio como antes, por la tarde.

El aburrimiento llega cuando quiere jugar mucho tiempo con Mamá, y ella no puede porque está haciendo los deberes del hogar.

La sorpresa surge cuando recuerda todos los cambios que trajo el virus, como no poder ir al centro comercial o viajar a Dabeiba.

También está la emoción “pensativo”, que es muy nocturna, y se pregunta cómo será el mundo cuando acabe la cuarentena.

El estrés aparece muy seguido, le pone los ojos grandes, y le recuerda que lleva muchos meses sin salir de casa.

La furia llega da cuando Jero siente que ha pasado mucho tiempo, y el virus no se va.

Luego de dibujar todas esas emociones tan particulares, Jero recordó que durante la cuarentena también ha estado presente su emoción favorita: la alegría. Entonces tomó una hoja aparte y la dibujó.

Esa emoción tan bonita, aparece cuando duerme bien, cuando sale un ratito al parque, o cuando Mamá se sienta a jugar con él. Es una emoción tan poderosa que lo despeluca y le pinta una sonrisa grande en la cara.

Lo que pone más feliz a Jero es ver el arcoíris, que llega, siempre, después de llover.

La cuarentena le presentó a Jero un mundo de emociones, que vienen y se van. También un arcoíris para recordar, cada vez que un bichito en forma de sol llegue a molestar.


En los Centros Integrales de Salud CIS de Comfama, acompañamos a las familias que experimentan dificultades en su estado de ánimo a raíz de la cuarentena. También tenemos a disposición de nuestros afiliados la Red de amor, cuidado y salud mental, para orientar a los niños, jóvenes y adultos que, como Jerónimo, desean reconocer sus emociones y empezarlas a abrazar.